Colombia

Trip Start Oct 28, 2006
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Trip End Jun 25, 2007


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Tuesday, December 26, 2006

Bogota
Mientras esperábamos nuestro vuelo en el Aeropuerto de Panamá, nos encontramos con tres canadienses que están recorriendo el continente en moto.  Ellos mandaron las motos por avión a Bogotá ($400 dól. cada una), y ese mismo día salieron del aeropuerto de Bogotá en sus motos.
En el aeropuerto de Bogotá, fuimos a la oficina de turismo donde nos regalaron unos mapas de Bogotá.  La agente de turismo nos buscó un hotel, llamó por teléfono para averiguar el precio y nos hizo la reserva.  Nos dijo de dos opciones para llegar al hotel desde el aeropuerto y una de ellas era la de ir en buseta (colectivo-bus) lo cual hicimos.
Antes de partir del aeropuerto, cambiamos algo de dinero en el banco y arreglamos un inconveniente que teníamos en los pasajes que por suerte no nos cobraron recargo.
Partimos del aeropuerto hacia la ciudad con un montón de trámites realizados y supercontentos de lo fácil y cómodo que nos resultó realizar todo.
En Bogotá, nos hospedamos en el Hotel Regina (22 dól.) que queda en La Candelaria, el centro histórico de la ciudad.  Estábamos a pasos del Museo Del Oro (gratis!!!), así que ahí fuimos.  Antes de entrar muy contenta Cecilia quiso tomar una foto y se dio cuenta que la cámara fotográfica no andaba.  Se le había caído en el aeropuerto cuando fue al baño, así que no hay fotos del museo.
El museo tiene tres pisos y vale la pena recorrerlo.  Se pueden apreciar artesanías precolombinas de todas las tribus colombianas y son realmente una belleza.
Regresamos al hotel y Claudio revisó la cámara y con unos cuantos sopapos, parece que algo se acomodó y anda de maravillas.  Después de todo, Claudio es realmente un buen mecánico, buen electricista y un arregla-todo de aquellos.
Entonces decidimos continuar con nuestro recorrido y fuimos al Museo De La Casa De La Moneda (también gratis !!!).  Éste fue el primer banco que España mandó a construir para que en América se acuñen monedas.  También visitamos el Museo Botero que está a unos pasos.  No hay que dejar de pasar por éste, todas sus obras son regordetas, algo que resulta chistoso.  ¡¡¡Museo también gratis!!!.
Aprovechamos el resto de la tarde para ir hasta el cerro de Monserrate, se accede a él por medio de un funicular o un teleférico, otro lugar imperdible.
La iglesia en Monserrate se conoce por la imagen del Cristo Caído y la Virgen Negra.
El lunes fuimos a Zipaquirá a visitar la Catedral De Sal que está construida dentro de una mina de sal a unos 200 metros de profundidad.  Esta zona fue océano hace unos 60 millones de años y cuando la cordillera nació, atrapó grandes cantidades de agua de mar.  El agua se evaporó y dejó grandes cantidades de sal.
La catedral se construyó en 1952 pero fue cerrada a mediados de 1980 debido a las filtraciones de agua que a su vez la convirtieron en insegura.  En 1995 y a pasos de la antigua catedral, quedó inaugurada la actual catedral que, hasta el día de hoy es la única catedral de sal.  Caminamos un montón para poder recorrer su interior, es algo apasionante!!!!  También, recorrimos el museo arqueológico que se encuentra al lado y regresamos a
Bogota.  Todo este recorrido nos llevó unas 4 horas y lo hicimos en trasporte público y no nos perdimos.  ¿Pueden creer eso?
Nos despedimos de Bogotá con ganas de regresar.
 
 
El día martes por la mañana volamos a Cartagena y llegamos al medio día.  Desde el mismo aeropuerto, contactamos a la naviera y en un taxi nos dirigimos a sus oficinas.  Pagamos 35 dólares para liberar el contenedor y 125 más para el desamarre de la camioneta.
De ahí caminamos rápido a la aduana (DIAN), donde nos dieron el permiso necesario y corrimos al puerto.  Las distancias entre estos lugares son cortas, lo que nos facilitó el proceso.
Al llegar al puerto tuvimos que presentar documentación personal para obtener un pase electrónico.  Luego de ubicar a la persona correspondiente para nuestro trámite todo fue muy fácil aunque no sin la burocracia de siempre.  La gente del puerto se porto de 10, muy pero muy bien y sin tener una entrevista previa, nos ayudaron en todo para poder sacar la camioneta esa misma tarde.  Por teléfono, Aníbal llamó a medio mundo, y logró que en 30 minutos muevan el contenedor al muelle.  Nunca faltan los inconvenientes electrónicos y nosotros no podíamos entrar a la zona de los muelles.  Finalmente y con muchísima buena voluntad de parte de todos, nos encontramos con la inspectora de DIAN que nos esperó a pesar de que llegamos tarde por lo de los pases.  Lindo fue volver a ver la camioneta en el contenedor, que ya estaba abierto por nuestra demora.  Nada le había pasado, nada faltaba... Necesitaban sacarla del contenedor para que la inspectora hiciera su trabajo, así que Claudio la sacó del contenedor y la inspectora apenas miró la numeración.  Ella necesitaba revisar, firmar y sellar el papel que nos habían dado en las oficinas de DIAN.  Con ese papel Claudio regresó a las oficinas de DIAN y, 10 minutos antes que cierren, completaron el permiso (todo gratis).  Claudio regresó al puerto, donde Aníbal y Cecilia lo esperaban para pagar los costos del puerto (18 dól.).  Todo lo que restaba era retirar la camioneta del muelle.  Con los papeles firmados, sellados y todo pago, Claudio hizo su última entrada al muelle que siempre fue con casco protector y chaleco reflector, y a las siete de la noche estábamos en el centro de Cartagena buscando donde alojarnos.
Vale aclarar, que ese fue el último día de trabajo para Aníbal, quién a su vez estaba entrenado a su reemplazante.  Les caímos justo ya que no habían realizado todavía ese tipo de trámite.  Así que tuvimos a 2 personas ayudándonos en todo.  Es más, los dos se quedaron como media hora extra para asegurarse de que todo estaba bien y que podíamos llevarnos la camioneta del puerto ese mismo día.
En Cartagena oscurecía y nosotros buscando hotelito...
Nos quedamos en La Gaviota Real, donde insistimos en estacionar la camioneta frente a la puerta de entrada ya que no conseguíamos cochera. 
A la mañana siguiente salimos a recorrer un poco la ciudad.  Transitando por el centro histórico, buscando donde estacionar, nos encontró un muchacho Argentino que nos paró en la calle, al ver nuestra camioneta.  Guillermo nos invitó a su casa; una finca a unos 20 Km. de Cartagena.  Aceptamos y quedamos que estaríamos en su finca antes del anochecer.
Dedicamos el día para caminar por el centro histórico de Cartagena, con calles muy angostas y casas de dos plantas. Un lugar precioso, sobre todo su gente que te ofrece su ayuda a cada momento.  Pasamos a saludar a Ronaldo, dueño del Café-Internet Colombia, justo frente a la plaza Santo Domingo.  Lo hicimos de parte de Germán Amunches, el argentino que hace unos tres años está recorriendo América.  Nos pusimos a charlar y se nos fue el día!!!
Ronaldo es una persona re-macanuda y mostrando lo mejor de Colombia, nos contó sobre su creación; Lucho Colombia.  Este es un personaje que con su vestimenta representa a todos los colombianos y trata de mostrar al mundo la imagen real de Colombia y su maravillosa gente.
Salimos de Cartagena y llegamos a la finca de Guillermo, un lugar grande con parques, dos lagos, un montón de juegos, hamacas, mesas con sombrilla, quinchos de palma, un salón y baños.  Guillermo nos invitó a acampar donde quisiéramos.  Al día siguiente organizaba un evento y ya que no podía estar con nosotros, nos sugirió ir a la playa.  Nos prestó una sombrilla, dos bicicletas, nos dio las direcciones y ahí salimos camino a la playa.  Encontramos una playa solitaria de unos 5 Km., sin acceso por carretera y toda para nosotros.  Pasamos todo el día.  Cecilia salió a caminar y yo me quedé a hacer la siesta a la sombra.  Todo muy lindo hasta que nos dimos cuenta que no teníamos protector solar en la piernas,  Cecilia estaba re-quemada!!!
El próximo día, nos quedamos todo el día a la sombra, poniendo cremas en las piernas, que estaban a la miseria.  Al otro día, decidimos regresar a Cartagena y buscar un lugar fresco.  Nos recomendaron el Paseo de la Castellana, un centro comercial grande con algo de aire acondicionado.  Aprovechamos para comer, caminar, ver vidrieras, ir al cine a ver El pingüino (Happy Feet) y tomar un helado.  Regresamos a la finca solo para dormir y descansar.  Las pierna de Cecilia estaban muy mal aunque mejorando.
El domingo, nos quedamos en la finca, descansando y sin planes de salir.  Guillermo nos acompañó, así que Claudio aprovechó y le arregló su Toyota Hilux que no andaba bien.  Por suerte fue solo desarmar, limar una parte que se atoraba y armar nuevamente.  Todo salió bien y Guille súper contento; nosotros más que él por poder retribuir un poco todo lo que nos ofreció.
Mientras Claudio trabajaba, Guillermo preparó una olla de sancocho que comimos por la tarde.  Luego nos fuimos a probar la Toyota por la ciudad de Cartagena y nos encontramos con las calles inundadas por una gran lluvia.
El lunes por la mañana, nos despedimos con unos mates y salimos rumbo a Medellín.  Paramos a dormir en Caucacia, un poblado pequeño, donde encontramos un hotel en una estación de servicio (14 dól.)
A la mañana siguiente y después de manejar unas largas horas por la montaña, llegamos a Medellín.  Notamos el cambio de clima mucho más fresco y ya no había mosquitos.
Buscando un hotel, Cecilia se bajó a preguntar como llegar al centro de la ciudad.  El señor nos recomendó no ir al centro de la ciudad por el tránsito tan pesado a esa hora.  Él mismo se ofreció a acompañarnos a buscar un hotel.  Dejó a su amigo y el café que estaba tomando, y nos guió con su auto hasta un hotel.  Nos esperó para que lo viéramos y nos ofreció llevarnos a otro hotel si éste no nos parecía bien.  Si esto no es cordialidad colombiana, ¿qué es?
El hotel El Portal de San Joaquín (50 dól.), recientemente inaugurado, está frente a la iglesia San Joaquín.  El hotel realmente vale lo que cobran, incluyen desayuno e internet.  Además tiene su propio bar y restaurante.  ¡¡¡Por primera vez en el viaje tuvimos el diario en la habitación!!!
Por la mañana salimos a recorrer la ciudad en el Turibus, y mientras esperábamos el colectivo, entramos al Museo Interactivo (ciencias).  Ahí conocimos a César, y después de charlar no más de quince minutos con él, estábamos invitados a recorrer la ciudad de Medellín con la familia de su esposa.  Algo que estábamos tratando de arreglar por nuestra cuenta y no podíamos conseguir espacio en un tour.
En el Turibus recorrimos la ciudad en 4 horas, visitando algunos de los lugares más importantes.
A la hora estipulada, César llegó por nosotros al hotel, con su esposa y dos hijas.  La verdad es que no podíamos creer que una persona desconocida, con quién habíamos hablado tan poco llegase por nosotros para compartir un paseo.  ¡¡¡Y que lindo paseo resultó ser!!!
Fuimos con César y su familia al punto de reunión, donde nos encontramos con una chiva (colectivo, bus, -ver fotos-) decorada.  Éramos más de 50 personas. 
La familia de la esposa de César tiene por tradición alquilar una chiva todos los años para ver la decoración de las luces navideñas de Medellín.  La esposa de César es la menor de 13 hermanos.  Muchos de ellos llegaron con sus familias, chicos y grandes.
El recorrido es una gran fiesta ya que la chiva cuenta con música funcional y desde que salimos hasta que regresamos nadie paró de cantar, bailar y tomar agua ardiente.  Recorrimos toda la ciudad por donde había algún arreglo de luces navideñas.  Y de regreso al punto de encuentro nos tomamos varias fotos.  En total nos quedamos dos noches en Medellín y salimos para Cali.
En el camino, no podíamos dejar de visitar el eje cafetero de Colombia.  En el trayecto tuvimos los primeros percances del viaje.  A unos 8 Km. antes de Chinchiná, nos para un control de la policía.  Ya nos habían parado tantos en Colombia que uno más ni contaba.  Esta vez nos piden el seguro del auto.  A pesar de que habíamos preguntado por el seguro del automóvil, nadie nos supo decir que lo necesitábamos para circular y claro está que no lo teníamos.  El oficial de policía no podía creer que desde Cartagena hasta ese lugar, nadie nos lo pidió y eso que nos pararon una vez cada 50 Km. de viaje!!!!!
Bueno, primero nos sugirió que dejáramos la camioneta parada ahí mismo ya que el vehículo no podía circular más. Cecilia dijo que ella se quedaba en la camioneta y Claudio iría en la patrulla a comprar el seguro.  El oficial dijo que nos perdonaría la multa (400 mil pesos!!! Casi 200 dól.).  Pero después de unos minutos nos dijo que siguiéramos hasta el pueblo y lo compráramos nosotros mismos.  Nos recalcó que no tratemos de seguir sin seguro porque la policía del otro lado de Chinchiná estaría esperándonos.
Llegamos a Chinchiná y empezamos a buscar dónde u como comprar seguro por menos de un año, ya que por un año es bastante caro y en ese pueblo no lo venden por menos tiempo.  Buscando, conocimos a Carlos, quién vende seguros y nos recomendó ir hasta Manizales a comprarlo, ya que ahí sí nos vendían el seguro por 90 días. Carlos mismo se ofreció a llevarnos en su Jeep al día siguiente y nos presentó a Fabio, un vecino que tiene una finca cafetera y nos alojó por la noche (finca La Primavera, 100 dól.).
Amaneció lloviendo y Cecilia se desilusionó mucho porque realmente quería ver los cafetales.  Pero el trabajador de la finca no permitió que nos fuéramos sin ver lo que queríamos ver.  Nos mostró igualmente el café recién recogido, como se pela, como se seca, que se vende para los colombianos y que se exporta.
Más tarde fuimos hasta el pueblo donde Carlos estaba listo para llevarnos a Manizales.  Organizándonos descubrimos que no teníamos los pasaportes!!!  Claudio estaba muy enojado, esto sí que podía ser un problema.  Cecilia ofreció buscar los pasaportes mientras Claudio y Carlos hacían los trámites del seguro (45 dól.) en Manizales. 
Buscamos los pasaportes por todos lados, llamamos al hotel en Medellín y nada.  Terminamos yendo a la policía a realizar la denuncia de pérdida de los pasaportes.  Allí mismo comenzamos a llamar a los distintos lugares donde pensamos que los hubiésemos dejado.  Finalmente decidimos continuar ya que tenemos los pasaportes argentinos en regla con nosotros.
El viernes a la tarde llegamos a Cali y nos esperaba Alberto.  Él nos guió por la ciudad, nos presentó a toda su familia y nos alojó en su casa.  Allí nos pusimos al día con la ropa, teníamos mucho que lavar.
El sábado por la mañana, Claudio muy tranquilamente abre un diccionario y... sorpresa!!!  ¡¡¡Los perdidos pasaportes muertos de risa!!!
Muy contentos fuimos a recorrer todo Cali con Alberto en su Topolino (Fiat 600, el bolita) que está en muy buenas condiciones teniendo en cuenta su edad (30 años) y nos contó de su proyecto de viaje por América del sur en motocicleta con quién el año próximo será su esposa.
El domingo fuimos a la casa de Julián y pasamos toda la tarde juntos.   Julián tiene un Ford de 1929, listo para salir a recorrer América del sur el año que viene y una camioneta Ford 1946 en perfecto estado.  Fuimos a conocer el Km.18 que queda subiendo la montaña camino a Buenaventura, dónde el clima es opuesto al de la ciudad.  Tomamos un chocolate caliente con plátano frito y queso y estaba todo súper rico.  Nos encontramos ahí con un motociclista que está saliendo a recorrer América el 28 de diciembre y luego fuimos a conocer a uno de sus compañeros de viaje.
El lunes bien temprano nos despedimos de Alberto y su familia y salimos hacia Ipiales, frontera con Ecuador.
Paramos en Popayán, un pueblo muy colonial, donde se realizan las procesiones de semana Santa desde hace 450 años y son las más importantes de Colombia.
Visitamos Pro-Semana Santa, que es la organización que se dedica en mantener organizada la procesión y nos explicaron todo su funcionamiento.  Luego recorrimos el pueblo y seguimos viaje.
Queríamos llegar a Ipiales, Colombia, pero no nos fue posible.  Encontramos entonces el Hotel Torres Del Bosque en Pasto (20 dól.) y nos quedamos allí.  Salimos a comer algo a un centro comercial y regresamos a descansar.
Por la mañana siguiente salimos y llegamos a la frontera.  Realizar los trámites fue re-fácil.  En una hora teníamos todo listo....  Fue la primer frontera muy bien organizada, donde también encontramos una oficina de turismo de Ecuador bastante bien equipada.
Chau Colombia, país que no pensábamos recorrer y lugar donde nos quedamos por 17 días!!!  Nos quedamos enamorados de la hospitalidad de los colombianos!!!!  Te vamos a extrañar, y mucho!!!!!!
A propósito... Nunca más nos pidieron el seguro del auto.
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Comments

tomascroce
tomascroce on

Felicidades
Nuestros cariños les deseamos lo mejor para el 2007 que pronto llegará.
Vamos a estar en Chapalmalad seguramente hablando de vuestro viaje.
Mariela, Jorge y TOMÁS

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