Benarés, la ciudad santa de los hindúes
Trip Start
Oct 19, 2010
1
4
20
Trip End
Dec 15, 2010
Unas diez horas de tren y amanecimos en Varanasi o Benarés, la ciudad santa de los hindúes a orillas del río Ganges. Aquí vienen peregrinos hindúes para redimir sus pecados bañándose en las aguas sagradas del Ganges o para incinerar a sus seres queridos. Morir en Varanasi ofrece alcanzar moksha, lo cual significa romper el ciclo de nacimiento y muerte, es decir, el ciclo de la reencarnación.
Todas las calles de Benarés parecen un mercado interminable, un cubículo abierto en la pared tras otro ofreciendo literalmente de todo. Y para que hablar del tráfico… si en Delhi era caótico, aquí la presión llega a hacerse insoportable dado que las calles son mucho más estrechas y los pitidos alcanzan un volumen ensordecedor. Nos alojamos en un Haveli (residencia tradicional adornada con frescos y dibujos ornamentales en las paredes y techos) convertido en hotel en Assi Ghat, el ghat más meridional.
La atracción de Benarés se centra en el Ganges o Ganga, como lo llaman aquí. Nos levantamos a las 5 de la mañana para ver amanecer en los Ghats (las orillas del río escalonadas para acceder al mismo, todas de distinto nombre) y ver el espectáculo que se desarrolla diariamente allí. La gente acude a sumergirse en el río y rezar además de lavarse incluso hasta los dientes. También depositan en el río velas que flotan en bandejitas hechas de hojas secas y llenas de flores a modo de ofrenda.
Aparte de los Ghats en los que se lava la ropa y se realizan las tareas de higiene hay otros dos Ghats en los que se llevan a cabo las incineraciones de los muertos, siendo el más importante el del Manikarnika. Es un espectáculo bastante impresionante el ver como transportan a los muertos envueltos en lienzos multicolores y brillantes en camillas hechas de bambú. Las piras están hechas de troncos de madera de sándalo (la madera más cara) o de banyan y se les añade incienso para que no huela mal. Un cuerpo tarda en quemarse unas dos horas y media o tres. Tuvimos la ocasión de ver todo esto desde la balconada de un edificio sobre este ghat pero hacer fotos no está permitido.
Hafiz se convirtió desde el primer día en nuestro tuk-tuk-wallah (conductor de tuk-tuk) llevándonos de un lugar a otro en medio de la vorágine de Varanasi.
Por cierto, que desayunando en la azotea del hotel, casi me ataca un mono. Se lanzó a por nuestros plátanos y manzanas y cuando intenté espantarle se me enfrentó y salí corriendo… Joe se moría de la risa…
Próxima parada: Agra, ciudad del Taj Mahal
Todas las calles de Benarés parecen un mercado interminable, un cubículo abierto en la pared tras otro ofreciendo literalmente de todo. Y para que hablar del tráfico… si en Delhi era caótico, aquí la presión llega a hacerse insoportable dado que las calles son mucho más estrechas y los pitidos alcanzan un volumen ensordecedor. Nos alojamos en un Haveli (residencia tradicional adornada con frescos y dibujos ornamentales en las paredes y techos) convertido en hotel en Assi Ghat, el ghat más meridional.
La atracción de Benarés se centra en el Ganges o Ganga, como lo llaman aquí. Nos levantamos a las 5 de la mañana para ver amanecer en los Ghats (las orillas del río escalonadas para acceder al mismo, todas de distinto nombre) y ver el espectáculo que se desarrolla diariamente allí. La gente acude a sumergirse en el río y rezar además de lavarse incluso hasta los dientes. También depositan en el río velas que flotan en bandejitas hechas de hojas secas y llenas de flores a modo de ofrenda.
Aparte de los Ghats en los que se lava la ropa y se realizan las tareas de higiene hay otros dos Ghats en los que se llevan a cabo las incineraciones de los muertos, siendo el más importante el del Manikarnika. Es un espectáculo bastante impresionante el ver como transportan a los muertos envueltos en lienzos multicolores y brillantes en camillas hechas de bambú. Las piras están hechas de troncos de madera de sándalo (la madera más cara) o de banyan y se les añade incienso para que no huela mal. Un cuerpo tarda en quemarse unas dos horas y media o tres. Tuvimos la ocasión de ver todo esto desde la balconada de un edificio sobre este ghat pero hacer fotos no está permitido.
Hafiz se convirtió desde el primer día en nuestro tuk-tuk-wallah (conductor de tuk-tuk) llevándonos de un lugar a otro en medio de la vorágine de Varanasi.
Por cierto, que desayunando en la azotea del hotel, casi me ataca un mono. Se lanzó a por nuestros plátanos y manzanas y cuando intenté espantarle se me enfrentó y salí corriendo… Joe se moría de la risa…
Próxima parada: Agra, ciudad del Taj Mahal



Comments
todo el mundo es de color naranja, es para ti!!!
oui, Véro, il y a en plein. Je suis contente que tu me suives. Ça va en Oz?
Bisous