El Gobi con Amgaa, Nerea y Marc!

Trip Start May 02, 2012
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Trip End Ongoing


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Flag of Mongolia  , South Gobi Aimak,
Sunday, September 30, 2012

Yo creo que el profesor de geografía de Willy era mucho mejor que el mío porque él dice que desde niño quería ir al Gobi, el gran desierto de Mongolia, y hace un par de meses, yo ni siquiera podía ubicar Mongolia en un mapa. Así que para la tortuguita era como un sueño hecho realidad cuando finalmente llego el día.

Marc y Nerea, los españoles con los que habíamos quedado de ir al desierto, llegaron del lago Khovsgol un viernes en la tarde y el sábado a las 8 y cinco de la mañana ya íbamos rumbo a Dalanzadgad, la capital de la provincia donde empezaríamos nuestra travesía. Nos tocó a los 4 en el asiento de atrás del bus y lo siento por el departamento de transporte de Mongolia (si es que existe) por la mala propaganda que les hemos hecho en el blog, pero ya ustedes saben cómo es la movida con las carreteras… el bus saltaba tanto que Marc casi se golpea la cabeza con el techo y yo casi me desnuco en una de las sacudidas. Hasta vacio sentía en el estomago con semejantes saltos. A Willy se le ocurrió la idea de escribir, o mejor dicho de tratar de escribir, nuestros nombres mientras el bus saltaba. Los garabatos quedaron para el recuerdo. Y como se podrán imaginar el camino fue un poco más largo de lo esperado. De verdad que el ultimo par de horas se nos hicieron eternas!!!

Llegamos a Dalanzadgad, cansados, con frio y en medio de la oscuridad de la noche. En el guía hablaban de un hotel que queríamos mirar pero fue más práctico quedarnos en uno que estaba en todo el frente de la estación del bus y así no tener que lidiar ni con maletas, ni taxi, ni frio. El cuarto que conseguimos tenía tres camas sencillas, pero sin problema nos arrunchamos cada pareja en una cama. Al otro día nos levantamos medios tiesos y adoloridos de tanto golpe en el trayecto del día anterior. La señora del hotel nos dijo que nos podía ayudar a encontrar el transporte que necesitábamos para hacer el recorrido que queríamos. Como a las 11 de la mañana llegó el chofer para negociar la tarifa. Con graficas, calendario, mapa y calculadora en mano logramos comunicar que lugares que queríamos visitar, que días y en qué orden. Sin tener que insistir mucho, el señor nos hizo rebaja y nosotros quedamos preguntándonos en qué tipo de carro nos iba a tocar. Seguro uno bien desbaratadito.

Antes de comenzar la aventura, necesitábamos ir a comprar comida para esos días y quedamos de encontramos a la 1 p.m. de nuevo con él para emprender camino. Fue una grata sorpresa cuando vimos la camioneta; una Toyota Land Cruiser muy bien mantenida con aire acondicionado y todo. Empezamos muy bien. El señor se llamaba Amgaa y fue el mejor conductor que tuvimos en Mongolia y uno de los personajes más cómicos y amables que conocimos. Pasamos por su casa donde la esposa le dio provisiones para el viaje y él se despidió de ella y de los dos hijos.

Salimos hacia el valle Yolyn Am. Cuando llegamos, atún con pan sirvió como almuerzo y enseguida hicimos la caminata en el estrecho en medio de las montañas, de vez en cuando saltando de piedra en piedra para cruzar el riachuelo. En otros meses del año el riachuelo está congelado, pero a nosotros solo nos tocó unos parches de hielo en las paredes de las montañas. Lo que si había por montones eran como una especie de ratica salvaje sin cola, parecidas a los curíes, muy graciositas. Por todo lado se veían correr y desaparecer en los huecos que hacen en la tierra.

La idea era quedarnos a dormir en el área esa noche pero en esta época ya no había campamento de gers y nosotros andábamos sin carpa. Tuvimos que cambiar los planes un poco y seguir hacia Flaming Cliffs que creo que le dicen Acantilados Rojos en español. Son unas formaciones rocosas bien interesantes con un color naranja-rojizo. Cuando llegamos, el primer campamento en el que paramos estaba muy caro entonces Amgaa nos llevó a otro más económico. Dos pequeños detalles: no había duchas y el ger no tenía la típica estufa que también sirve como chimenea. Ya después de varias semanas en Mongolia, el concepto de higiene diaria se vuelve más flexible y podíamos sobrevivir sin bañarnos. Pero la estufa si nos preocupaba porque número uno, queríamos cocinar y segundo nos servía para calentarnos en la noche. La señora del campamento dijo que nos podía dar cobijas extras para que no sintiéramos frio y ofreció cocinarnos por buen precio. Incluso comida sin carne, ya que Nerea es vegetariana.

Decidimos quedarnos y en media hora llegaron cuatro platos de verduritas con papa y arroz, muy ricos! Y la noche no estuvo tan fría como esperábamos. Al otro día, antes de las 6 de la mañana ya estábamos con linterna en mano, o mejor dicho en la cabeza, caminando hacia los Flamming Cliffs. La mejor hora para verlas con el color rojizo que las caracteriza es al amanecer o al atardecer. Después de una hora de caminata a oscuras, preguntándonos si estábamos siguiendo la estrella que era y si la estrella se estaba moviendo o no, llegamos apenas para tomar buenas fotos. Después de la sesión fotográfica subimos a las formaciones para apreciar la vista desde arriba.

Nos devolvimos hacia el campamento a desayunar y alistarnos para seguir hacia Khongoryn Els, que es la parte del Gobi que tiene dunas de arena. En el camino encontramos unos comerciantes que habían puesto mesas en el medio de la nada para vender piedras (preciosas?). Nos bajamos a mirar y hablar con la gente; después de un rato Nerea y yo nos subimos al carro primero y Marc y Willy todavía estaban entretenidos con las piedras y con los comerciantes. Amgaa casi no hablaba inglés pero tenía un buen repertorio de frases útiles, entre esas estaba "Let's go!", es decir, “vamos!”. Siempre la decía con un tono firme bien peculiar, como dándonos una orden pero a la vez sonaba tan amable que terminábamos siempre sonriendo. 

En fin, mientras esperábamos por los muchachos, nos pregunta a nosotras: “vamos?”, con una sonrisa cómplice en la boca. Las dos entendimos que le quería tirar una broma a los chicos. Le dijimos que si y arrancamos los tres en la camioneta, muertos de la risa dejando a Marc y a Willy con las piedras. Mientras manejaba alejándose de las puestos de venta, Amgaa miraba hacia el asiento de atrás donde estábamos nosotras y seguía preguntando: “vamos?”.  Ya después de unos minutos, caímos en cuenta que ahora las víctimas de la broma éramos nosotras ya que el seguía manejando como si nada y las que estábamos en el carro con un desconocido éramos nosotras. Le dijimos que nos devolviéramos y después de unos segundos dimos la vuelta. Les dije que era todo un personaje!

Cuando finalmente llegamos a las dunas, la familia del campamento nos recibió con kumis y masitas fritas. El ger estaba medio llevado pero al menos tenia estufa! Les pedimos agua para poder cocinar y se les había acabado. Tenían que ir hasta no sé donde a traerla. Marc y Willy acompañaron a los señores a traer agua mientras Nerea y yo leíamos y charlábamos un rato. Después de lo que se me hizo una eternidad llegó el agua y finalmente pudimos hacer la pasta. Nos quedo deliciosa!

Esa noche que con unos traguitos de vodka y jugo de naranja, jugamos al “capitalista y el come mierda” un juego de cartas muy bueno que nos enseñaron los españoles. Aunque no podíamos explicarle bien a Amgaa como se jugaba, entendió un poco y terminó de entender después de un par de manos. A mí me fue súper mal y me la pase comiendo mierda toda la noche. Hahaha!

Al día siguiente fuimos a montar en camello. Las pobres criaturas huelen a todo menos a algo bueno. Se la pasan tirándose pedos y defecando y están rodeados de mosquitos. Nos llevaron hasta las dunas más cercanas que no eran tan altas y caminamos un rato en la arena. El desierto es muy bonito y la montada en camello fue una experiencia diferente; para mí son como animales del pasado, medio misteriosos y como medio prehistóricos. Ya mencioné apestosos? 

La pasamos bien, aunque Marc ya venía con el estomago medio flojo y después de la montada tuvo que descansar toda la tarde. Al atardecer fuimos en el carro hasta la base de las dunas más altas, para subirlas. Y les digo que no es tarea fácil! Son 200 metros bien empinados, y lo peor es que por cada paso que das, te devuelves tres. Nerea tiene muy buen estado físico y subió como si nada. Marc se había quedado en el campamento porque no se sentía bien. Y Willy, Amgaa y yo tratábamos de alcanzar a Nerea.

Casi una hora nos demoramos subiendo el bulto de arena! La vista y la experiencia es espectacular; las dunas “cantan” gracias a un efecto entre el viento y la arena. Y nosotros les hicimos competencia y empezamos a bailar en la cima… quedaron los videos como evidencia. Vimos el atardecer, tomamos fotos y empezamos a devolvernos porque empezó a enfriar bastante y andábamos descalzos.

Ya con esto concluímos el viaje al Gobi y al otro día empezamos a dirigirnos hacia Arvaikheer, una ciudad pequeña más hacia el norte. En el camino, Amgaa nos invitó a almorzar y como a eso de las 4 de la tarde ya estábamos despidiéndonos de nuestro querido conductor. Finalmente otra vez en la “civilización”, esperábamos ansiosos por la ducha que tanto necesitábamos, y aunque el agua estaba más fría de lo que queríamos, se cumplió el objetivo principal que era deshacerse del exceso de polvo y olores.

Este pueblo era solo de pasada y al otro día conseguimos transporte hasta otro pueblo que se llama Kharkhorin. Aquí lo principal para ver es un monasterio muy antiguo, pero al final solo almorzamos, hablamos con un alemán muy interesante que nos encontramos en el restaurante y después de buscar bastante, encontramos otro carro que nos llevó hasta Tsetserleg, una ciudad que la guía describía como la más bonita de Mongolia.  

En Tsetserleg, nos quedamos en un hotel muy agradable y fue como un descanso merecido después de varios días de “incomodidades”. Comparada con las otras ciudades de Mongolia, la verdad que si tiene su pequeño encanto. Nosotros como no podíamos pronunciar bien el nombre, le pusimos con cariño “sexy legs” (piernas sexy!). La primera noche fuimos a comer a un bar restaurante y la tortuguita terminó bailoteándose a una cuarentona muy graciosa que quedó enamorada de él y hasta el teléfono le dio! 

Al día siguiente fuimos a un museo y subimos a una montaña para ver toda la ciudad. De devuelta, nos encontramos con un grupo de niños jugando futbol, y a Willy se le ocurrió la idea de meterse a jugar con ellos. Lamento comunicarles que las comunidades colombiana y española quedaron muy mal representadas en Asia, y les metieron como 5 goles. Willy alega que les dieron los peores jugadores. Nerea y yo disfrutamos documentando el partido.

Willy y yo ya nos habíamos comprometido a hacer un voluntariado de una semana con el centro de niños Lotus y queríamos ir a la capital a prepararnos, así que decidimos devolvernos un día antes de lo planeado. Esa noche terminamos la botella de vodka mientras nos despedimos de los españoles. El paseo al Gobi fue uno de las tantas experiencias increíbles que tuvimos en Mongolia pero creo que la máxima todavía estaba por llegar y era una semana completa con más de 30 niños maravillosos…
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Comments

Michael on

Saludos a tu amiga =)

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