Parque Nacional Kruger: primera parte

Trip Start Jan 12, 2012
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Trip End Feb 14, 2012


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Flag of South Africa  ,
Tuesday, January 24, 2012

Estamos escribiendo en la oscuridad con varios insectos atraídos por la pantalla de la netbook. En frente nuestro, a pocos metros, en el río Letaba, que da nombre al lugar donde estamos alojados, braman los hipopótamos (o ladran o rugen o lo que se sea que hagan). Cientos de insectos extraños y algunos de un tamaño que invita al respeto invaden el mapa rutero del Kruger, la pantalla, la lucecita. Lo importante es que no hay mosquitos… ni cucarachas, y que los cascarudos gigantes, las mariposas de noche, las lagartijas, las hormigas voladoras, las pollillas y los tatadiós (cómo se llamarán acá?) no pican, no transmiten paludismo ni son asquerosos. Cada tanto apreto una tecla y mato sin querer un insecto.

Lo importante, sobre todo, es que hoy comemos costillas de cordero y ayer cenamos novillo, y anteayer Ñú (en inglés wildebeest). Fue una grata sorpresa encontrar que algunas de estas carnes exóticas para nosotros cuestan lo mismo que la bola de lomo en el Coto; así que se volvieron parte fundamental de nuestra dieta sudafricana en esta semana.

Las parrillitas al lado de las cabañas (huts o bungalows) en las que nos alojamos son lo más. Y cada vez vamos mejorando: pasamos del carbón y briquetas (pastillas para encender) a cocinar con leña. Todo esto, como se imaginarán quienes nos conocen, sin los elementos más básicos como un tenedor y una tabla. Nos arreglamos con lo mínimo y si nos vieran los afrikaans, los ingleses y los franceses con su super equipamiento, sin duda seríamos el hazmerreír. ¡Pero qué asaditos, papá!

Pasemos al diario: como el relato día por día es casi imposible ahora nos disponemos a contar un resumen de nuestros días en el Parque Nacional Kruger.

Llegamos a Kruger el viernes 20 de enero después de 5 horas de viaje desde el aeropuerto de Johanesburgo hasta Pretoriuskorp, primer "campamento base" en una de las entradas al parque (en nuestro caso elegimos Numbi Gate porque es la más cercana a Johanesburgo). Hay que llegar antes de las 6.30PM porque a esa hora se cierran las puertas. En el aeropuerto habíamos alquilado auto x Avis nuevamente (misma empresa que Ciudad del Cabo) y conseguimos un mejor precio (U$ 37/día).

Muy cerca de la Numbi Gate, en Nelspruit (en el cruce de la N40 y la R40) hay un supermercado Spar enorme donde nos aprovisionamos para evitar en lo posible compras dentro del parque, donde es un poco más caro y menos variado. Ya en Ciudad del Cabo habíamos hecho unas compras y acá las terminamos.

El camino hasta nuestro destino fue mucho más interesante de lo que creíamos. Sin contar las desastrosas fábricas que echan un humo infernal, la ruta discurre por planicies, sierras, ríos y algunos poblados que te recuerdan finalmente, tras haber dejado Ciudad del Cabo, que efectivamente estás en África: gente haciendo dedo en el medio de la nada con un billete de 20 Rans en la mano, mujeres vestidas multicolor con los chicos, picaditos de fútbol infantiles en canchas de tierra, puestos de frutas, otros donde cocinaban creemos que maíz asado y gente que cruza la ruta por cualquier lado desafiando a los autos.

Volvamos a Kruger. Con los minutos contados entramos por Numbi Gate al paso con la emoción de estar metiéndonos en este pequeño país que es el Parque, con la dimensión de la provincia de Tucumán.

En el campamento, donde reservamos un “hut” (choza tipo indígena con techo de paja y de construcción circular) hicimos el primer asadito del parque, algo que luego haríamos casi todas las noches. El hut costó R320 (en pesos 160 aprox).

Nota Weather Channel: ¡falso! ¡¡Todo es falso!! El calor NO es insoportable (máxima 32°C), no llovió jamás (en este caso creemos que fue una cuestión de suerte). A las 4 de la mañana, cuando nos levantamos, hace unos 21°C y al mediodía llega la máxima que es tolerable sin aire acondicionado encendido en el auto (porque vamos con las ventanillas bajas para ver a los animales). Un hecho que modificó sustancialmente nuestro itinerario (e imaginamos que el de muchísimos turistas) fueron las fuertes lluvias, crecidas, desbordes de los ríos e inundaciones que arrasaron con campamentos base enteros, puentes (es algo increíble de ver… puentes de hormigón y hierro tapados de agua) y suponemos cambiaron los hábitos de los animales. Según nos dijo un guía desde 2000 no sucedía algo así y esta vez tuvo la particularidad de dejar inutilizables muchos de los puentes principales.

Si bien esto no fue la mejor noticia que recibimos (aún no habíamos llegado y lo escuchamos por la radio) la suerte estuvo de nuestro lado porque estos días no llovió jamás, las noches son perfectamente estrelladas y frescas, no hay mosquitos (¡qué al pedo tanta pastilla y tratamiento antimalárico, y los tres tachos de repelente verde!) y hay menos turismo.

Rutina Kruger-Frugoni-Bernal: Pronto descubrimos que al menos en esta época del año (Ric, qué distinto a cuando vos estuviste!) si se quiere ver algo más que impalas y otros antílopes hay que arrancar a las 4.30 de la mañana, horario en el que abren las puertas y te permiten salir del campamento. En ese horario, si uno hace punta, se puede encontrar algunas de las gigantescas emociones que solo tienen lugar en experiencias como éstas.

Entonces, nuestra rutina sería (créanlo; Mariana puede madrugar cuando hay buenas razones para ello):

1. Nos levantamos a las 4:00hs. Tomamos agua y salimos (tardamos un promedio de 20´ porque dejamos todo listo la noche anterior). Llevamos la heladerita (Fede, la nuestra es muy fashion, no tiene flores ni es de telgopor) con varios conservantes de frío, bebidas y provisiones varias.  

2. De 4:30 a 9:00 recorremos la ruta que toque, guiándonos por algunos libros, mapas, relatos de otros viajeros y unos paneles informativos con el mapa de la zona donde la gente deja indicado con unos imanes de colores los animales que vio el día anterior.

3. De las 9 a 9.30 desayuno rutero en alguno de los lugares especialmente preparados para que uno se pueda clavar un chegusán y un juguito sin ser atacado por una hiena desesperada (aunque hay que estar atento con los monos-chorros).

4. De 9:30 a 12:00 sigue la recorrida hasta el siguiente campamento base donde hacemos el check in. Este es el momento de zafar del calor y no solo de eso, sino del embole de recorrer rutas bajo el sol de la sabana sin ver más que pájaros (bellísimos por cierto), pastizales y, cómo no, antílopes. El resto de los animales (como los santiagüeños) sabiamente se guardan y religiosamente hacen la siesta. ¡Imitémoslos! Aprendamos de la naturaleza y de los santiagueños.

5. Siesta y/o pileta.

6. De las 16 a las 18:30 vuelta a la ruta a cruzarnos con algún animal que siempre esperamos haya terminado, como nosotros, de su siesta.

7. El guardia suele cerrar la puerta detrás de nosotros, puntualmente 18:30. Si no llegás en horario te retan en afrikaans y te multan (tratamos de averiguar de cuánto es la multa porque vale la pena entrar más tarde pero no nos quisieron responder).

8. Vamos de cabeza al “chino” de cada campamento de Kruger, que es un fantásticamente bien provisto mini super (contradiciendo lo que creíamos), solo que los precios no son de chino. Ahí se encuentran las carnes exóticas (pensamos que hay algo de extraña contradicción que vendan cueros de cebras, carne de kudú o paté de cocodrilo en este parque).

9. De 19 a 22hs: fueguito, cena y a dormir (con la excepción de hoy que son casi las 23 y estamos escribiendo este diario).

Va síntesis del recorrido, principales encuentros con animales destacados y experiencias:

-          El primer día fallamos en la ruta y caímos en una que estaba cortada, la H1-1. Lo malo fue que nos demoró en nuestro plan y lo bueno que vimos: 2 búfalos, varias jirafas y la gran sorpresa fueron dos rinocerontes blancos a metros de la ruta.

-          Retomamos el camino a Skukuza (parada planeada para desayunar y breve descanso) por la S1 y ahí no más un par de autos detenidos nos hizo parar y ver a dos leones machos acostados y una leona que caminaba cerca. Gran emoción y ganas de quedarse ahí el resto del día.

-          Nuestro destino siguiente era Lower Sabie donde teníamos otra reserva. Así que continuamos por la ruta que sigue el río Sabie, la famosa ruta H4-1 donde todos garantizan que se ven leones y otros de los “Big Five” o Cinco Grandes (león, leopardo, rinoceronte, búfalo y elefante). Vale decir que de los “grandes” deberíamos agregar a las jirafas, los hipopótamos y las chitas, que te hacen cosquillas cuando los ves y que al fin y al cabo son grandes pero no están así catalogados.

-          Esta ruta famosa nos decepcionó; quizás fue el horario… cuanto más temprano mejor y ahí estábamos a media mañana cuando empieza a pegar el sol. Además es una ruta con mucha vegetación y en el verano con las lluvias recientes no se veía una goma. Bueno, vimos algunos elefantes, monos muy graciosos, cebras y kudús (antílopes majestuosos grises y con cuernos largos).

-          Llegamos agotados y casi deshidratados y la gente de la recepción resultó ser tan mala onda que daban ganas de boxearla. No nos dejó ocupar la cabaña hasta las 2 de la tarde aunque estuviera desocupada. Y nosotros muriendo… Por suerte la terraza del campamento base tiene unas vistas espectaculares al río Sabie donde se bañan hipopótamos. Así que pedimos unas bebidas, pelamos heladerita con provisiones e hicimos un rico pic nic entre pájaros de todos los colores que cual palomas porteñas se comen las sobras.

-          La salida de la tarde fue también medio frustrante salvo por la gran sorpresa que nos dio un elefante gigante que al costado de la ruta destruía árboles con toda su capacidad destructora y deglutidora. Sergio al volante mostró claras señales de prudencia, razonabilidad y … un cagazo de la gran puta cuando el simpático elefante avanzó sobre la ruta con gesto de “no me rompan las bolas, estoy merendando”.

-          La tarde terminó en el Sunset Dam, una laguna a pocos km del campamento, con hipopótamos, garzas, cocodrilos y un gigantesco cocodrilo muerto que convocaba todas las miradas y las cámaras fotográficas. Nosotros después de sorprendernos con el cadáver preferimos ocuparnos de los que flotaban (vivos y acechantes en el agua).

-          El segundo día fue memorable. Le dimos 10 puntos. La intuición de Mariana y la capacidad de insistencia que se le conoce hicieron que recorriéramos un triángulo (como un pequeño desvío que acá llaman loop) comprendido por las rutas H4-2, S-137 y S-28. Fue el triángulo de la vida, para nosotros. Apenas abrieron las puertas del parque, aún de noche, y sin haber hecho ni 2 km por la ruta asfaltada (H4-2) vimos el culo de un gigantesco hipopótamo. Enseguida se asustó y se perdió en la noche.

-          Menos de 5 minutos después, a 15 minutos de haber dejado el campamento y solos en el medio de la sabana oculta en la oscuridad azulada previa al amanecer, la gran sorpresa: un leopardo cagaba el costado de la ruta. Sí, señores, el leopardo perdiendo todo su glamour cagaba frente a nosotros. Luego, cruzó la ruta en nuestra dirección, volvió a cagar y se acostó debajo de un arbusto. Nos quedamos embelesados iluminándolo con nuestra linterna, filmando y sacando fotos. Y mirando simplemente. Estaba a menos de 5 metros.  Al toque llegaron más autos y seguimos el camino.

-          Conmocionados aún por el leopardo, mientras amanecía y aumentaba el coro de pájaros, doblamos en la S28. Mariana se sentó en la ventana (infringiendo una de las principales normas del parque) y entre el horizonte rojizo del amanecer detectó un elefante. Se fue acercando hasta nosotros (Mariana no; el elefante). Otra vez… qué ganas de quedarse.

-          No había pasado ni una hora desde que habíamos empezado cuando luego de una curva vimos (casi infartándonos) dos enormes y preciosísimos leones melenudos acostados en la ruta fresca de la madrugada. Nos quedamos congelados y en silencio a unos 30 metros (casi en silencio porque nos tomamos unos segundos para abrazarnos y festejar). No los queríamos molestar. Nos miraron. Por suerte seguíamos solos así que nos tomamos nuestro tiempo. Nos fuimos acercando hasta que pasó lo que sabíamos pasaría: se levantaron pausada y majestuosamente, como diciendo: “Sí, man, yo soy el jefe”. Se acostaron al costado de la ruta, generosamente, para que podamos seguir admirándolos.

-          Después de esto ya no necesitábamos más nada. Pero la fortuna se empeñaba en seguirnos y entre jirafas y manadas de elefantes que se paseaban por ahí como si nada nos cruzamos con una familia de tres integrantes de rinocerontes blancos. Fue genial porque estaba el macho, la hembra y la cría. La cría, que estaba acostada, se levantó y a los empujones convenció a la mamá de que se levantara y al rato lo logró y se puso a mamar. Nosotros, a unos 10 metros sin molestarlos pero viéndolo todo. No podíamos creerlo. No queríamos que apareciera más nada para procesarlo todo.

-          Una vez que dejamos atrás a los rinocerontes empezaron a aparecer ante nosotros sorpresas de pequeño porte: un caracol gigante, una tortuga y un bicho tipo escarabajo que llevaba una especie de bola de estiércol girándola con las patas. Estos bichos y animales chicos también hay que verlos, pero sólo uno las percibe cuando deja de buscar a los animales grandes. Un pájaro azul brillante de ojos rojos, un escarabajo grande como una ciruela, un caracol largo como una lapicera, un cien pies de mil pies, una lagartija de cola turquesa … todo está ahí pero no los vemos.

-          El resto de los animales que aparecieron fueron “jabalíes verrugosos”, todo tipo de antílopes que tratamos de identificar con el “Smither's Mammals of Southern Africa” en mano; ñús, cebras, águilas, cigüeñas, jirafas, hipopótamos en el agua y elefantes. Seguimos hasta Satara, nuestro tercer campamento en el que nos quedaríamos dos noches, por la ruta H4-1, H12, H1-2 y H1-3. Es el camino más largo pero el corto estaba interrumpido porque la crecida del río había destruido el puente.

-          El camino a Satara fue un fiasco salvo por las jabalíes, cebras, jirafas y elefantes que siempre son “una monada” (cuac!).  En la zona de los leones no vimos ni uno. Los pájaros, siempre, lindísimos, raros. Rafael, Topi: qué bien nos vendrían algunos de sus libros… los pájaros son infinitos.

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Comments

To on

Una verdadera gloria!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Asi, de una!!!!

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