Camino a Cartagena

Trip Start Jun 13, 2014
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Trip End Jul 13, 2014


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Flag of Spain and Canary Islands  , Murcia,
Monday, June 23, 2014

A las diez en punto de la noche comenzamos nuestra cuarta
etapa de la travesía hacia Cartagena, se sueltan amarras, se recogen las protecciones del
barco y se estiban en el tambucho de proa. Del puerto de Torre Vieja zarpamos
ahora siete barcos. La sensación es agradable, sentimos que somos parte de un
equipo o una gran familia, apenas conocemos a algunos de los que se
incorporan hoy, otros, llevamos apenas ocho días pero se fragua la idea de que
es mucho más tiempo en realidad, lo cual no resulta extraño dado que el mar es un elemento aglutinante, estamos en un espacio reducido y con un objetivo común: llegar a Santiago de Compostela.

La flota, que a partir de ahora puede llamarse así,emprende
su camino hacia Cartagena, nos esperan ocho horas de navegación y unas cuarenta
millas náuticas, un trayecto verdaderamente corto, de hecho se han realizado
ajustes para poder llegar a una hora adecuada al puerto. A lo lejos se van
quedando las luces de Torre Vieja, en realidad una gran feria de turismo
popular, a diferencia de Palma de Mallorca, pero si cabe, más cercano y
familiar, familias enteras incluidas abuelas y mascotas, niños gritando y
corriendo por todos lados, un ambiente un tanto “low cost”, pero de alguna manera
más real o como se diría en el castellano mas coloquial “de andar por casa”.

Es una realidad que Españas hay muchas, y esta que hemos
tenido la oportunidad de conocer es una más de las muchas que hemos visto y
vivido y que nos quedan por vivir en esta aventura. El paseo por la ciudad no
ha tenido desperdicio, no hay grandes construcciones de gloriosos pasados, son
todos edificios anónimos, sin ningún tipo de pretensión, no hay grandes
catedrales, pero si una feria de atracciones y un mercadillo con todo tipo de
chucherías para llevar de recuerdo, desde la toalla con la figura del toro y la
bailarina de flamenco mas cañí, hasta juguetes luminosos acabados de desempacar
del polígono de chinos. Señoras de rigurosa mantilla blanca y cabello fucsia en
la iglesia debidamente refrigerada por un sinfín de aparatos de aire
acondicionado, niñas vestidas de precoces novias y niños de aventajado marinero
que hacen su primera comunión, una estampa típica de la más arraigada tradición
católica del sur de España.

Nuestra flota continúa su marcha, las naves enrumban hacia Cartagena,
discretas luces verdes a proa, rojas a popa y blancas en el mástil, titilan en
medio de una noche que no es cerrada pero que tampoco está del todo abierta,
tenemos luna menguante, un viento suave y húmedo que lo impregna todo. Nos toca
la guardia que va de las cuatro a las seis de la mañana, mi preferida, porque
me permite ver la entrada a los puertos, el alba y la primera impresión de las
ciudades que visitamos, su silueta dibujada en el horizonte me ayuda a plasmar
en mi memoria una primera idea de la misma, y el comprobar empíricamente la
concordancia entre esa impresión primera y la realidad es una idea interesante.

A esta hora de la madrugada navegamos cerca a la costa,
preparamos el primer mate de la mañana, costumbre que algunos estamos adoptando
gracias a Orlando que lo ha traído consigo. Un olor a hierbas aromáticas nos
llega desde la costa, a romero o tomillo, no logro identificarlo, pero la
certeza de que estamos sin lugar a dudas en el Mediterráneo. Sobre la línea de
costa se divisan las luces, algunos faros que con sus haces de luz nos guían, aunque
en realidad es una idea más bien romántica. La cruda verdad, es que vamos conectados al
GPS, que nos da la posición satelital exacta sobre la pantalla del ordenador,
nos marca el rumbo, la distancia recorrida, la por recorrer, velocidad del
viento, corrientes, mareas y todo lo necesario para una navegación segura y
certera, son las concesiones que la modernidad cede ante la aventura. Poco o
nada tiene que ver esto con lo que se hacía hasta no hace muchos años, el sextante,
el astrolabio, la carta de papel, se siguen utilizando pero en clave moderna,
la bitácora se sigue escribiendo, pero más por razones románticas que otra
cosa, aunque todo hay que decirlo, nunca está de más saber y conocer la
tradición. Los sistemas se colapsan, fallan, se quedan sin baterías, es
entonces cuando la tecnología da paso al conocimiento del verdadero marinero,
el que con la sola visión del cielo puede guiarse con ayuda de las estrellas,
que las reconoce y con las que está familiarizado, con el conocimiento de los
vientos y las mareas. De esos marineros tenemos en la flota también y de ellos
nos queda mucho por aprender.    
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