El arca de Noe

Trip Start Apr 03, 2010
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Trip End Ongoing


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Flag of Philippines  , Visayas,
Sunday, May 2, 2010

En manila nos quedamos solo una noche… sobre todo después de que Tommy asalto a un compañero de pieza y culpó a un tercero que nada tenía que ver en el cuento y más encima empezó una pelea en la mitad de la noche para esconder lo que había hecho… Terminó consiguiendo que sacaran a dos personas de la hostal y lógicamente ya no nos querían mucho ahí.

Por suerte el día anterior habíamos comprado un pasaje en ferry de 27 horas que nos llevaría a Iloilo, una ciudad de paso desde la cual llegaríamos a Bohol por otro ferry. Existía la posibilidad de tomar vuelos, pero entre probar cosas nuevas y tratar de viajar con los locales, terminamos tomando el ferry… que la verdad, costaba solo un poco más barato que los vuelos…

Cuando salimos de la hostal camino al puerto, el chino estaba esperando a Tommy para vengarse, así que el guardia tuvo que proteger nuestra integridad física al salir (la verdad es que estaba peleando con el guardia para que lo dejaran entrar nuevamente). Tan pronto salimos se largó a llover. Nos habían comentado que el viaje al puerto no demoraba más de 20min, pero que tuviéramos cuidado con los tacos que se formaban en la tarde y nuestro ferry lógicamente salía en la tarde.

Nos subimos a un taxi y partimos, salimos de la ciudad para subirnos a la costanera por la que se llegaba al puerto y tan pronto entramos a la costanera nos ensartamos en un taco de proporciones bíblicas. No avanzábamos nada y mas encima nuestro taxista se esforzaba en pelear el milímetro de espacio entre las motos, camiones, taxies y trimotos que se metían por los lugares mas insólitos… Les cuento que en este país la vereda no es para peatones… como se les ocurre… prioridad para las motos y trimotos!

Llevabamos unos 40 minutos en el taxi cuando ya nos dimos cuenta que no lo lograríamos, que corriendo teníamos más posibilidades. Cuando le dijimos al taxista que nos bajábamos, se espantó, no nos quería dejar bajar porque de acuerdo con el estábamos en el lugar más peligroso de Manila. Decidimos correr los riesgos y partir de todas maneras.

Nos bajamos en la mitad de la lluvia, con nuestras mochilas de 20 kilos y tratando de adivinar cuál era el camino más seguro. Finalmente, decidimos correr por el sentido contrario de la costanera por la que prácticamente no pasaba ningún auto. No tuvimos ningún problema y logramos llegar sanos y salvos al ferry, incluso a tiempo, pero claramente fuimos los últimos en llegar. Como postal queda el recuerdo de nosotros dos corriendo con estas dos mochilas enormes, en la mitad de la lluvia cruzando por la favela local. De seguro no intentaron asaltarnos ni robarnos nada porque realmente parecíamos comandos cruzando a trote mar!

Demás está comentar que era la segunda vez que hacíamos algo parecido, porque al llegar a Manila desde Angeles decidimos caminar para ver la ciudad a tomar un taxi. Cruzamos caminando otra de las zonas peligrosas de Manila durante el día. Cada cierto tiempo se nos acercaba un guardia recomendándonos tomar un taxi y salir de ahí, pero la caminata, la aventura y las ganas de ver un poco más eran más fuertes. Y bueno, hay que decirlo, los filipinos son tan chicos (con suerte superan el metro sesenta) que parecíamos un par de gigantes caminando por Manila con mochilas que probablemente pesaban tanto como ellos, lo que entrega una seguridad adicional, aunque sea ilusoria.

Llegamos al ferry a tiempo, mojados y agotados, así que entregamos nuestro ticket esperando que nos guiaran a nuestra cabina… que niños fuimos… lógicamente habíamos comprado el pasaje más barato disponible y cuando nos llevaron donde dormiríamos nos llevamos otra sorpresa. Subimos al tercer piso del ferry y llegamos a una planta abierta, sin paredes, solo con techo, del tamaño de unas 4 canchas de futbol, absolutamente colapsadas de gente acumulada en camarotes que estaban soldados al suelo uno al lado del otro. Los camarotes estaban pegados entre si y cada dos camarotes existía un espacio de unos 80cms que podrían calificar de pasillos. Por suerte con el calor que hace en estos países es imposible pasar frio aunque duermas en la calle.

Buscamos un par de camas libres y nos sumamos a las más de 1.500 personas que estaban viajando en nuestras mismas condiciones. Las camas de los camarotes deben haber medido un metro de ancho y 1,90 de largo. Cuando te acostabas en la tuya, si movías la mano demasiado, le tomabas la mano a la persona del camarote de al lado… y si te acostabas de guata, terminabas analizando a 20 cm la nuca de la persona que estaba durmiendo en el camarote pegado al tuyo por el extremo más delgado.

Aquí agradecimos seriamente haber comprado las mallas de seguridad para envolver nuestras mochilas y dejarlas amarradas a nuestras camas. Aunque para ser justos, en toda nuestra estadía en Filipinas, nunca tuvimos un problema con la gente, todos fueron extremadamente honestos y quizás la malla no era necesaria, pero siempre es mejor prevenir que curar y al menos nos entregaba la tranquilidad de poder dejar las mochilas solas.

Recorrimos el ferry entero… Teníamos 27 horas que matar… Nos encontramos con que había gente durmiendo en colchonetas en piezas cerradas y que incluso la primera clase solo te aseguraba poder cerrar la puerta de una habitación milimétrica, pero que los camarotes eran exactamente iguales.

En el ferry conocimos al equipo campeón de baile y canto local, un grupo de unas 300 personas que venían de vuelta de ganar el campeonato nacional organizado en Manila. Eso nos explicó la gran cantidad de gays que se paseaban por el barco, llego a tal punto que en un momento no nos preocupaba tanto las mochilas si no nuestra integridad física mientras dormíamos.

De las 2.500 personas en total que había en el ferry éramos los únicos turistas y claramente éramos la principal atracción del barco, lo que al menos nos aseguró varias conversaciones para matar las 27 horas.

Finalmente, llegamos a Iloilo donde alojamos una noche y partimos al día siguiente camino a Bohol Island. Para llegar tuvimos que tomar un vuelo y un "fastboat". Un vuelo que nos llevó de Illo Illo a Cebu y un “fastboat” de Cebu a Tagbilaran, nuestro destino final. Agregando unas 8 horas de viaje adicional a nuestras ya viajadas humanidades y convencidos que la experiencia era valiosa como tal, pero no era necesario repetirla y que tomaríamos un vuelo de vuelta.
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