Camino a San Salvador de Bahía en la vecina Brasil

Trip Start Mar 31, 2007
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Trip End Apr 08, 2007


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Saturday, March 31, 2007

El avión salía temprano con lo cual debía llegar al aeropuerto alrededor de las cinco. Preparé un pequeño bolso con lo indispensable, dejé en orden el departamento y decidí no dormir ya que no quedaban muchas horas por delante. Envié mails con cosas de último minuto que se me venían a la mente, revisé información en Internet y me entretuve con asuntos varios hasta que finalmente me venció el sueno sin ni siquiera darme cuenta de que estaba librando una batalla contra él. Sólo me di cuenta de mi derrota cuando sonó el timbre a las cuatro y media de la mañana, hora en la que supuestamente debía partir. En cinco minutos y medio me bañé (o simplemente me mojé, no lo sé), tomé mis pocas pertenencias y me dirigí a Ezeiza.

Todavía con un ojo abierto y otro cerrado, las marcas del acolchado en mi piel y el pelo mojado atado a los apurones con una hebilla, llegué al aeropuerto. Tal era mi estado de somnolencia que en vez de dirigirme a la ventanilla de TAM para hacer el check in, me fui a la de Tasa de Embarque para pagar los impuestos (la primera "rubiada" del viaje). Cuando me di cuenta del error (no solita, me lo hizo notar amablemente la empleada de Tasas) me fui a hacer la cola que correspondía. Caminé, caminé y caminé pero el final de la fila no estaba a la vista. Caminé tanto que bien podría haber tomado un vuelo a Bahía ... Blanca!!! en Aeroparque. Así todo, no me daba cuenta de que algo andaba mal. Esa cola no era normal. Pero para una rubia semi despierta parecía ser lo más natural del mundo.

Los controladores de vuelo estaban en huelga en Sao Paulo. Ese era el motivo de la demora. Delante mío, en realidad, había tres vuelos retrasados. Eso explicaba la cantidad de gente y las puteadas y nerviosismo que había a mi alrededor. Así que pacientemente me senté sobre mi bolso y me puse a esperar. Tres horas más tarde estaba despegando el avión. Que si estaba a salvo? Nooo, tenía que hacer una conexión y podía llegar a perderla. Mi razonamiento fue "si los aviones no despegan, todos están retrasados, inclusive mi conexión". Me relajé y dormité hasta el aterrizaje.

Al llegar a Sao Paulo todo era caótico. Las cámaras de televisión transmitían en vivo desde el aeropuerto, la gente corría de una punta a la otra y yo no era la excepción ya que nadie daba información. Lo único que quería saber era si había perdido el vuelo o no. Pregunté en castellano, inglés, francés, portugués, italiano y cuatro idiomas más que inventé en el momento pero nadie me escuchaba. Finalmente, agarré de un brazo a una empleada que se fijó en la computadora, puso cara de susto, llamó a un guardia de seguridad y me empujó fuera de la ventanilla mientras me daba un boucher. Yo no entendía nada, no sabía si me estaban llevando presa o si me estaban sacando del aeropuerto a los piques porque había una amenaza de bomba. Corrí atrás del guardia, pasé los controles y a pocos metros de llegar a la puerta de embarque, me dijo "no corras más". Resumen: el avión estaba por despegar cuando la empleada me empujó en los brazos del guardia pero de camino le avisaron que la tripulación no había subido al avión con lo cual el avión no despegaba. Luego de una hora más de demora, embarqué y llegué a Salvador de Bahía con casi cinco horas de retraso.

Una vez que salí del aeropuerto, mareada de cansancio y de tanto correr atrás de los empleados, me fumé un pucho. Ahí nomás me atacaron los taxistas y viendo la hora que era y lo cansada que estaba me decidí por uno de ellos. Con mi buen ojo para los hombres, escogí al más estafador de todos que me cobró el precio más caro. Pero llegué al hostel en veinte minutos y a esa altura de los acontecimientos, era todo lo que quería. Una vez allí, dejé mis bolsos en el locker y salí a caminar un poco por las calles del Pelourinho, que es el casco histórico de la ciudad. Pero ya era de noche (a pesar de ser las siete de la tarde), no conocía la ciudad, estaba cansada y muerta de hambre así que decidí comer algo temprano, darme una ducha en el hostel y luego dormir. Escogí un lugar abierto ya que hacían 30 grados y yo sentía que mis piernas tenían su peso en plomo por la terrible humedad. Pedí una ensalada y una cerveza que resultó ser una ensalada para alimentar a un regimiento y la cerveza era un balde con cuatro botellas. Qué podía hacer? Las tomé despaciosamente mientras una vendedora ambulante me hacía senas desde la calle para que le compre collares de cuentas que comenzó ofreciendo a 10 reales cada uno (quince pesos) para luego terminar ofreciéndome tres por ese precio. Pero la verdad, era muy temprano para el consumismo así que cambié la posición de mi silla y miré para otro lado para que no jodiera más. Finalmente, consideré que era hora de volver al hostel (cuando noté que me costaba agarrar el atado de cigarrillos por el mareo que tenía con tanta cerveza) y hacia allá me dirigí. Aproveché que no había nadie en la PC y miré los mails, contesté rápidamente algunos como para que supieran que estaba viva y me fui a dormir. O eso pensé porque la temperatura no descendía y yo apenas podía respirar. Ni siquiera parándome frente al ventilador. Tomé varias duchas frías durante la noche y así logré dormir media hora cada dos. Por suerte, al día siguiente, estaría en una isla alojada en una posada con aire acondicionado.

Debo decirles que mi primera impresión no fue muy buena ya que el camino que va del aeropuerto hasta el casco histórico recorre barrios pobres y daba mucha tristeza ver tanta miseria junta. Me comenzaba a preguntar que me habría llevado a viajar tan lejos para ver algo tan triste. E inclusive cuando me aproximaba a mi destino y entraba en el mismo Pelourinho, tenía la misma sensación. Los edificios muy abandonados, reflejando pobreza y descuido, las calles sucias, los chicos descalzos revolviendo las bolsas de basura. Era una imagen muy familiar. Y no muy bonita.

El hostel resultó ser muy lindo. La gente super amable, las habitaciones y los baños muy limpios, el lugar bonito a la vista con un salón con hamacas paraguayas que colgaban de los postes de madera, invitantes al descanso y almohadones tirados por doquier sobre un piso de madera que brillaba, televisión, ventiladores, reposeras. Todo invitaba al descanso. Frente al hostel había un restaurante llamado "Matusalem", que era tan viejo como su mismo nombre y donde había un grupo que tocaba baladas en vivo. Así que la voz de quien cantaba arrullaba mi sueno (no puedo culpar al artista por no haber podido dormir, sino al clima). El hostel contaba con un pequeño bar donde servían comidas rápidas muy ricas, una cocina donde se podía guardar cosas en la heladera y cocinar, un salón recepción donde estaban las computadoras y habitaciones con baño privado y compartido, para dos personas, para diez personas, para mujeres, para hombres y mixtas. A pesar de ser un albergue para la juventud, había gente de toda edad, hasta una Suiza de 60 anos que viajaba con su esposo.

No puede decirse que me levanté repuesta al otro día porque a decir verdad, me sentía agobiada por el clima, pero al menos algún rato había dormido y tenía más energías que el día anterior. Me di la séptima ducha del día y bajé a desayunar. En el comedor habían dos chicas que estaban conversando y en eso escucho que iban a ir al puerto, así que les pregunté a qué hora y hacia dónde rumbeaban (salen muchas lanchas
y ferries con distintos destinos) y resulta que las tres nos dirigíamos a la misma isla. Ellas eran de Madrid y pensaban pasar la semana en el Morro. Compartimos el viaje en Ferry y una vez allí pasamos juntas la mayor parte del tiempo. Sólo que ellas fueron una posada y yo a otra.

Todas las embarcaciones salen del puerto que está en la ciudad baja (el Pelourinho es la ciudad alta) y para llegar de la baja a la alta hay un elevador que es ni más ni menos que un ascensor gigante pero que es conveniente tomar (sale 0,05 centavos de Real) porque ese camino a pie es muy peligroso. Toda la gente de la ciudad daba el mismo consejo: no bajar caminando e inclusive te daban los centavos si no tenías para que lo tomes. Así que ante semejante unanimidad nunca subí o bajé sin el ascensor.

Sobre cómo volar desde Buenos Aires, Argentina a San Salvador de Bahía, Brasil (no hay vuelos directos, hay que hacer escala o en Foz do Iguazú o en Río de Janeiro o en Sao Paulo)
www.tam.com.br

Sobre San Salvador de Bahia
http://www.braziltour.com/site/es/cidades/materia.php?id_cidade=1112®ioes=9&estados=32

Sobre el hostel donde estuve alojada
http://www.laranjeirashostel.com.br/ing_index.htm
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Comments

perez_r
perez_r on

Hola desde Madrid
Hola guapetona,

Espero que, como este, queden más viajes por hacer juntas.
Te espero en Madrid y, dentro de poco, te haré una isitilla a Buenos Aires.

Muchos muchos besos

perez_r
perez_r on

Hola desde Madrid
Hola guapetona,

Espero que, como este, queden más viajes por hacer juntas.
Te espero en Madrid y, dentro de poco, te haré una visitilla a Buenos Aires.

Muchos muchos besos

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