Día 2: Los Angeles

Trip Start Apr 14, 2011
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Trip End Apr 26, 2011


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Flag of United States  , California
Friday, April 15, 2011

Aunque con un poco de retraso, aquí va el relato del segundo día de viaje reactado por nuestra ya bloguera oficial. Así es, la abuela se ha convertido en nuestra cronista de cabecera, así que yo me dedicaré más bien a ilustrar sus relatos.

"El segundo día de nuestro viaje a California fue un día de cine. No es una metáfora, no me refiero a algo estupendo y poco habitual –que eso también – sino a la industria cinematográfica: Pretty Woman (Beverly Hills Hotel), Melrose Place, el Observatorio Griffith en donde James Dean aparece con su amigo Sal Mineo en Rebeldes sin causa (1955) y un largo ecétera que luego os contaré con algo más de detalle.

Pero antes quiero retroceder unas horas al día anterior en el que dejé colgado el relato en el aeropuerto de Chicago para mayor gloria de la organización americana. Las horas que tardamos en llegar al aeropuerto de Los Ángeles pasaron en un vuelo, nunca mejor dicho porque los cinco protagonistas de este relato durmieron como marmotas, o benditos que es más elevado ( vuelo, elevado, que ingeniosa soy….). Allí nos esperaban dos desafíos: encontrar las maletas que habían viajado solas y un taxi que nos llevara a Santa Mónica. Superados cum laude. Las maletas nos aguardaban custodiadas por una amable señorita a las puertas de la oficina de reclamación de equipajes y al taxi lo avisó por teléfono un empleado. En total cinco minutos.

Llegamos a la casa hacia la 1 de la madrugada hora local a una calle tipo Wisteria Lane – ya empezamos con el cine, Mujeres Desesperadas. La casa muy bonita, la reportera gráfica os incluye alguna foto, y la barriada de gente de mejor pasar. Otro desafío, encontrar la llave. En caso de ser tarde, la  vecina debía dejarla en el buzón. Allí no estaba. ¿Cuál era la casa de la vecina? No sabíamos el número y todas las casas estaban apagadas. Yo estaba tan cansada que empecé a contemplar la posibilidad de sacar algo de ropa de la maleta y tumbarme en la hierba. No hizo falta. La llave sí estaba pero en el buzón de la vecina. Veis, hijitos míos, la importancia de que los mensajes sean claros y precisos.

La casa de estilo modernista art decó, construida en los años veinte y reformada. Dos pisos, el segundo ocupado íntegramente por la suite de los padres: dormitorio inmenso, baño, vestidor, despacho, terraza. El lux de las estrellas. En el piso bajo, totalmente minimanista, salón, comedor, biblioteca, dos baños, cocina office y los dormitorios de los niños. El jardín de delante y el de atrás. Como en las películas, en una palabra.

Carlos nos transportó con maestría por las larguísimas avenidas de Santa Mónica, bordeadas por las altísimas palmeras propias de la zona. Sunset, Sepulveda, Santa Mónica Boulevard. Cine, cine, por favor. Mansiones, casas más modestas, tiendas con aspecto de hace cuarenta años, un cero en urbanismo. Conchita fue la primera que vió las letra de H O L L Y W O O D y ganó el oscar a la vista de lince. Cine, cine, por favor.


Subimos al Observatorio de Griffit por un bosque-jardín precioso. Las vistas desde arriba eran soberbias. El calor apretaba pero seguíamos subiendo. La sed arreciaba. Carlos nos anunció el oasis: Una cafetería. Era un espejismo. Hasta las 12 no servían, así que nos echamos la sed y el hambre a las espaldas y bajamos en busca de otro más real: una cabaña con área de juego infantil en donde, en un banco rústico, degustamos pizzas refinadas, bocadillos de pan negro, unos buenos como el vegetal con aguacate y otros nada apetitosas como el de mermelada con crema de cacahuete. Lux pijo campestre. A mí me pareció reconocer a la detective pelirroja del mentalista, pero tampoco hay que hacerme mucho caso que soy miope.


Por la tarde inmersión intensiva en Hollywood. Bulevar de las estrellas. Cada cual se paraba delante de sus ídolos, teatro, salas de cine y teatro, Elvis, Superman, gatitas ( por cierto esculturales), grupo juvenil bailando el Waka-Waka. Calor tórrido, mucha gente en una acera y casi nadie en la otra, y venga a leer estrellas…Cine, cine, por favor. Creo que la palabra "hortera" nació en esa calle. Pero lo pasamos muy bien. Acabamos tomándonos un helado en un local dedicado a Disneyland. Blanca “flipó” con las fotos de sus ídolos que lo habían frecuentado.

Y pasamos de lo hortera a lo pijo. Recorrimos en coche – a pie no hubiera sido posible – Sunset Blvd. Todo cuidadísimo, las aceras son vegetales no de hormigón como en cualquier país decente. Y subimos al Centro Getty. ¡El paraíso¡ La meca del buen gusto. Desde abajo parece una fortaleza pero al entrar se humaniza al tiempo que sublima. Son cinco pabellones de formas macizas a la vez que ligeras por los muchos vanos y las altas columnas. No sé si hay Oscar de arquitectura pero podían dárselo a Richard Meieer (ojo, no asociar Oscar a Meyer, que la fastidiamos) que lo diseñó. De nuevo la organización americana: un trencito que te subía desde el parking  a los pabellones. Sombrillas beiges a disposición de los visitantes, unos maravillosos jardines, conceptuales, de un tal Irvin, que debería compartir Nobel. Para quedarse allí horas y horas.

Pero el cuerpo no aguantaba más, con lo que volvimos a casa. A las ocho estábamos todos durmiendo. Y a las 5, aún de noche, nos hemos levantado.


Me preguntan que si Ana Karenina ya está escrita y podemos salir ya. Nos vamos a los Universal Studios. Con atracciones hasta el hartazgo. Si sobrevivo, esta noche lo sigo. Cine, cine, por favor."

La abuela




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