Como mola "Güajaca"
Trip Start
Apr 28, 2010
1
8
22
Trip End
Jun 01, 2010
Viajamos hacia Veracruz tras haber pasado tres noches en Oaxaca. Nos vamos contentos por descubrir un nuevo lugar y al mismo tiempo algo tristes ya que se separan los caminos de nuestros nuevos amigos: Stéphane y JJ, franceses y Koun, belga.
A Stéphane lo conocimos en el bus de Puebla a Oaxaca: dejó su curro para viajar por todo el mundo durante un año y tras haber pasado seis meses en varios países asiáticos comienza en México su periplo por Sudamérica. Al llegar a Oaxaca no sabía dónde alojarse así que se vino con nosotros al albergue que habíamos reservado a ver qué pinta tenía. Nos costó un poco encontrarlo porque la dirección que venía en el Lonely Planet no era la correcta. Menos mal que al hacer la reserva por internet nos habían enviado un SMS con la dirección buena… Esa tarde conocimos en el hostal a Koun, un belga de la parte flamenca que habla un huevo de idiomas y que está viajando por México. Llevaba varios días jodido de la boca tras que le quitaran las muelas del juicio unas semanas antes de su viaje. Esa noche nos fuimos los cuatro a comer unos burritos al centro de Oaxaca, que es una ciudad encantadora, con sus casitas de no más de dos alturas de estilo colonial pintadas de diferentes colores, su zócalo que bulle siempre de animación y sus calles impecablemente pavimentadas y limpias.
Al día siguiente por la mañana vimos a Koun en el desayuno y nos dijo que no había pegado ojo por su dolor de muelas, así que le propusimos ir a un dentista y echarle una mano con el idioma. Entré con él a la consulta e hice de intérprete con el sonido de los instrumentos del dentista de fondo… pobre hombre, además de lo de las muelas del juicio tenía un diente infectado por una carie, que era lo que le traía por el camino de la amargura. El dentista fue muy majo y le hizo un apaño para que pudiera terminar sus vacaciones sin tenerse que hacer una endodoncia en México. Total, que esa mañana ya sólo tuvimos tiempo de ir al mercado a hacer unas compras para preparar la comida. Allí tuve la oportunidad de probar los chapulines, saltamontes « vaciados » y secados, ahumados o fritos, acompañados de limón y pimentón. No puedo decir que sean una delicia, pero sí constituyó una experiencia culinaria curiosa.
Por la tarde fuimos a Monte Albán, donde se encuentran los restos de una antigua ciudad zapoteca (pueblo anterior a los aztecas) en lo alto de una colina que ofrece una vista espectacular a 360° de los tres Valles Centrales. Esta gente practicó trepanaciones, construyó precisos observatorios estelares y creó el primer sistema de escritura de las civilizaciones prehispánicas. Todo esto siglos antes de que los aztecas primero y los españoles después los machacaran. En el bus que nos llevó a Monte Albán conocimos a JJ. Es médico esteticista y planea instalarse en Ciudad de México dejando atrás su antigua vida en Francia. Es un tío extremadamente interesante, que ha viajado por todo el mundo y que tiene infinitas historias que contar. Los cuatro: Stéphane, JJ, Céline y yo hicimos buenas migas enseguida, como si nos conociéramos desde hace tiempo.
Por la noche quedamos en nuestro albergue para bebernos una botella de mezcal (similar al tequila pero hecho de forma artesanal) que habíamos comprado en el mercado y cenar una riquísima ensalada de pasta preparada por la mamá Céline. Tras la cena nos fuimos los cuatro junto con Koun y un sueco que acababa de llegar al albergue a tomar algo al zócalo. Esa noche dormimos bien bajo el efecto de los mojitos y las margaritas…
Al día siguiente pillamos una excursión organizada junto con Stéphane y JJ. En primer lugar nos llevaron a Hierve el Agua, unas fuentes de aguas sulfurosas que han formado unas cascadas calcáreas espectaculares. No tuvimos tiempo de bañarnos pero sí de ser entrevistado con la cámara de un móvil por unas colegialas que hacían un reportaje para la escuela, vaya risas.
De ahí fuimos a Mitla, donde se encuentran unos restos arqueológicos del pueblo mizteca, que fue invadido por los zapotecas, que a su vez fueron invadidos por los aztecas, que a su vez fueron invadidos por los españoles. Lo más característico son sus mosaicos, pero lo cierto es que hacía tanto calor que no disfrutamos mucho de la visita e íbamos buscando la sombra desesperadamente.
Tras comer en un resto para turistas en el que hay que reconocer que la comida estaba muy buena, fuimos a una fábrica de mezcal. El mezcal se obtiene de un cactus llamado agave al que, tras cortar las ramas, se cuece y se exprime su jugo, que se llama melaza. Este líquido se destila, lo que da un licor blanquecino que es el mezcal. El tequila es un mezcal que se obtiene de un tipo particular de agave : el agave azul. Su proceso es industrial a diferencia del mezcal, que se produce de forma artesanal en multitud de pequeñas fábricas. Y claro, lo mejor de la visita fue la degustación. Nos ventilamos tres o cuatro chupitos y ya con el cuerpo calentito nos llevaron a un taller textil, en el que tejen y tiñen la lana de forma artesanal.
Para acabar el circuito, fuimos a ver el que está considerado como el árbol más ancho del mundo, cerca de Oaxaca, con 16 metros de diámetro.
Por la noche quedamos en el albergue con JJ y Stéphane y terminamos todo el papeo que quedaba de los días anteriores y nos despedimos de ellos, ya que ambos continúan el viaje hacia el Sur, en la costa del Pacífico y nosotros subimos hacia el norte, hacia Veracruz y una zona que tiene muy buena pinta: los Tucslas.
A Stéphane lo conocimos en el bus de Puebla a Oaxaca: dejó su curro para viajar por todo el mundo durante un año y tras haber pasado seis meses en varios países asiáticos comienza en México su periplo por Sudamérica. Al llegar a Oaxaca no sabía dónde alojarse así que se vino con nosotros al albergue que habíamos reservado a ver qué pinta tenía. Nos costó un poco encontrarlo porque la dirección que venía en el Lonely Planet no era la correcta. Menos mal que al hacer la reserva por internet nos habían enviado un SMS con la dirección buena… Esa tarde conocimos en el hostal a Koun, un belga de la parte flamenca que habla un huevo de idiomas y que está viajando por México. Llevaba varios días jodido de la boca tras que le quitaran las muelas del juicio unas semanas antes de su viaje. Esa noche nos fuimos los cuatro a comer unos burritos al centro de Oaxaca, que es una ciudad encantadora, con sus casitas de no más de dos alturas de estilo colonial pintadas de diferentes colores, su zócalo que bulle siempre de animación y sus calles impecablemente pavimentadas y limpias.
Al día siguiente por la mañana vimos a Koun en el desayuno y nos dijo que no había pegado ojo por su dolor de muelas, así que le propusimos ir a un dentista y echarle una mano con el idioma. Entré con él a la consulta e hice de intérprete con el sonido de los instrumentos del dentista de fondo… pobre hombre, además de lo de las muelas del juicio tenía un diente infectado por una carie, que era lo que le traía por el camino de la amargura. El dentista fue muy majo y le hizo un apaño para que pudiera terminar sus vacaciones sin tenerse que hacer una endodoncia en México. Total, que esa mañana ya sólo tuvimos tiempo de ir al mercado a hacer unas compras para preparar la comida. Allí tuve la oportunidad de probar los chapulines, saltamontes « vaciados » y secados, ahumados o fritos, acompañados de limón y pimentón. No puedo decir que sean una delicia, pero sí constituyó una experiencia culinaria curiosa.
Por la tarde fuimos a Monte Albán, donde se encuentran los restos de una antigua ciudad zapoteca (pueblo anterior a los aztecas) en lo alto de una colina que ofrece una vista espectacular a 360° de los tres Valles Centrales. Esta gente practicó trepanaciones, construyó precisos observatorios estelares y creó el primer sistema de escritura de las civilizaciones prehispánicas. Todo esto siglos antes de que los aztecas primero y los españoles después los machacaran. En el bus que nos llevó a Monte Albán conocimos a JJ. Es médico esteticista y planea instalarse en Ciudad de México dejando atrás su antigua vida en Francia. Es un tío extremadamente interesante, que ha viajado por todo el mundo y que tiene infinitas historias que contar. Los cuatro: Stéphane, JJ, Céline y yo hicimos buenas migas enseguida, como si nos conociéramos desde hace tiempo.
Por la noche quedamos en nuestro albergue para bebernos una botella de mezcal (similar al tequila pero hecho de forma artesanal) que habíamos comprado en el mercado y cenar una riquísima ensalada de pasta preparada por la mamá Céline. Tras la cena nos fuimos los cuatro junto con Koun y un sueco que acababa de llegar al albergue a tomar algo al zócalo. Esa noche dormimos bien bajo el efecto de los mojitos y las margaritas…
Al día siguiente pillamos una excursión organizada junto con Stéphane y JJ. En primer lugar nos llevaron a Hierve el Agua, unas fuentes de aguas sulfurosas que han formado unas cascadas calcáreas espectaculares. No tuvimos tiempo de bañarnos pero sí de ser entrevistado con la cámara de un móvil por unas colegialas que hacían un reportaje para la escuela, vaya risas.
De ahí fuimos a Mitla, donde se encuentran unos restos arqueológicos del pueblo mizteca, que fue invadido por los zapotecas, que a su vez fueron invadidos por los aztecas, que a su vez fueron invadidos por los españoles. Lo más característico son sus mosaicos, pero lo cierto es que hacía tanto calor que no disfrutamos mucho de la visita e íbamos buscando la sombra desesperadamente.
Tras comer en un resto para turistas en el que hay que reconocer que la comida estaba muy buena, fuimos a una fábrica de mezcal. El mezcal se obtiene de un cactus llamado agave al que, tras cortar las ramas, se cuece y se exprime su jugo, que se llama melaza. Este líquido se destila, lo que da un licor blanquecino que es el mezcal. El tequila es un mezcal que se obtiene de un tipo particular de agave : el agave azul. Su proceso es industrial a diferencia del mezcal, que se produce de forma artesanal en multitud de pequeñas fábricas. Y claro, lo mejor de la visita fue la degustación. Nos ventilamos tres o cuatro chupitos y ya con el cuerpo calentito nos llevaron a un taller textil, en el que tejen y tiñen la lana de forma artesanal.
Para acabar el circuito, fuimos a ver el que está considerado como el árbol más ancho del mundo, cerca de Oaxaca, con 16 metros de diámetro.
Por la noche quedamos en el albergue con JJ y Stéphane y terminamos todo el papeo que quedaba de los días anteriores y nos despedimos de ellos, ya que ambos continúan el viaje hacia el Sur, en la costa del Pacífico y nosotros subimos hacia el norte, hacia Veracruz y una zona que tiene muy buena pinta: los Tucslas.




Comments
Me he venido desde el feisbuk y me he enganchado a leer. Me encanta, pasadlo bien y que Moctezuma sea benevolente con vosotros.
Javi, ¿te estas dejando barba? Juasss, te queda bien pero se me hace raro. Menudo pedazo de viaje que os estais pegando, ehh?
Disfrutadlo mucho!! Marta y yo nos vamos a Barcelona en dos semanas!! Billetes a 300 pavos!! Pero solo duraron un dia.
Que vaya bien y continuad escribiendo: yo os leo!