Llegada a las Filipinas
Trip Start
Jun 28, 2009
1
102
207
Trip End
Dec 22, 2010
Where I stayed
Wow, estamos en Manila!
Aqui la gente no tiene los ojos rasgados, no se escucha el "juuuuuu" que precede a un escupitajo, no se come con palillos, todo es mas relajado (incluida la conduccion), los autobuses locales son jeeps inmensos pintados de colorines, los vendedores ambulantes vienen a tu asiento en el autobus a ofrecerte donuts, cacahuetes, refrescos..., todo el mundo habla ingles, los letreros no estan escritos en simbolos indescifrables, hay 7-Elevens, las tiendas tienen puertas en vez de persianas de metal, la gente se lava los dientes dentro de su casa... que cambio!!!
Ya desde el avion nos dimos cuenta de que este pais era diferente. Cuando el piloto anuncio que estabamos a punto de aterrizar, solo pude ver el mar (?). Al poco rato, lo que parecian campos de arroz (aun no nos habiamos percatado de las inundaciones) y casi al momento estabamos aterrizando en lo que parecia el medio de un grupo de casas bajas. Logramos divisar varios edificios altos, escasos, en la distancia, pero por lo general Manila no parecia estar altamente edificada.
Nunca llegamos realmente a comprobarlo. El hostal donde nos hospedamos, un antro, estaba cerca del aeropuerto. Nada mas aterrizar, nos dirigimos a la parada de taxis. Los habia de tres tipos: con cupon, con precio de partida de 70 pesos (mas el kilometraje) y con precio de salida de 30 pesos. Obviamente, nos dirigimos al mas barato, donde un chico nos tomo el nombre y destino y nos apunto la matricula del taxi por si acaso.
Despues de diez minutos llegamos al hostal. La tarifa fueron unos 60 pesos. Con el cambio a 75 pesos por cada libra, no nos podiamos quejar...
En el hostal, pudimos hospedarnos en el dormitorio, con ventilador. Eramos doce, con dos banos y dos duchas a compartir. La primera vez que fui a usar el bano sali gritando. Nada mas cerrar la puerta, a punto de bajarme los pantalones, vi una aranya del tamanyo de mi mano mirandome desde el techo. Como los dos banyos estaban comunicados, no me atrevi a usar el otro, y tuve que avisar a recepcion para que vinieran a remover al animalito. Al cabo de unos 20 minutos vino una mujer con una escoba.
Para mas inri, las sabanas y la funda de mi cama estaban limpias, pero no podian cubrir la petridez del sudor acumulado en la almohada quien sabe durante cuanto tiempo.
Lo peor de todo sin embargo, lo que me cabreo, fue que no solamente no habia Wi-Fi, sino que depues de pasarme cuatro horas en el ordenador del hostal despues de cenar, se me anuncio que debia pagar 20 pesos por hora. El precio era una memez, pero no habia ningun cartel que dijera que tenia que pagar. Cuando la chica del turno de noche me lo dijo, pense que me estaba tomando el pelo, que como era la turista de turno se queria aprovechar. Le pedi que me ensenara donde estaba escrito que tenia que pagar y no pudo ensenarme ni un solo documento (ni siquiera en su ordenador). Total, que me rebele y le dije que ya hablaria con la jefa por la manana, que no habia visto a nadie que hubiera usado el internet pagar y que yo no iba a ser la tonta de turno.
Al dia siguiente, me toco pagar. Aun asi, creo que les hice llegar el mensaje. La chica con la que habia hablado la noche anterior ni me dirigio la palabra, como si no hubiese respetado su autoridad... pero las cosas no se hacen asi. O se pone un cartelito o se avisa.
Y con esto, salimos a la calle y cogimos otro taxi que nos llevaria a la estacion de autobuses para Batangas, desde donde nos subimos a una barca para ir a la isla de Mindoro.
Aqui la gente no tiene los ojos rasgados, no se escucha el "juuuuuu" que precede a un escupitajo, no se come con palillos, todo es mas relajado (incluida la conduccion), los autobuses locales son jeeps inmensos pintados de colorines, los vendedores ambulantes vienen a tu asiento en el autobus a ofrecerte donuts, cacahuetes, refrescos..., todo el mundo habla ingles, los letreros no estan escritos en simbolos indescifrables, hay 7-Elevens, las tiendas tienen puertas en vez de persianas de metal, la gente se lava los dientes dentro de su casa... que cambio!!!
Ya desde el avion nos dimos cuenta de que este pais era diferente. Cuando el piloto anuncio que estabamos a punto de aterrizar, solo pude ver el mar (?). Al poco rato, lo que parecian campos de arroz (aun no nos habiamos percatado de las inundaciones) y casi al momento estabamos aterrizando en lo que parecia el medio de un grupo de casas bajas. Logramos divisar varios edificios altos, escasos, en la distancia, pero por lo general Manila no parecia estar altamente edificada.
Nunca llegamos realmente a comprobarlo. El hostal donde nos hospedamos, un antro, estaba cerca del aeropuerto. Nada mas aterrizar, nos dirigimos a la parada de taxis. Los habia de tres tipos: con cupon, con precio de partida de 70 pesos (mas el kilometraje) y con precio de salida de 30 pesos. Obviamente, nos dirigimos al mas barato, donde un chico nos tomo el nombre y destino y nos apunto la matricula del taxi por si acaso.
Despues de diez minutos llegamos al hostal. La tarifa fueron unos 60 pesos. Con el cambio a 75 pesos por cada libra, no nos podiamos quejar...
En el hostal, pudimos hospedarnos en el dormitorio, con ventilador. Eramos doce, con dos banos y dos duchas a compartir. La primera vez que fui a usar el bano sali gritando. Nada mas cerrar la puerta, a punto de bajarme los pantalones, vi una aranya del tamanyo de mi mano mirandome desde el techo. Como los dos banyos estaban comunicados, no me atrevi a usar el otro, y tuve que avisar a recepcion para que vinieran a remover al animalito. Al cabo de unos 20 minutos vino una mujer con una escoba.
Para mas inri, las sabanas y la funda de mi cama estaban limpias, pero no podian cubrir la petridez del sudor acumulado en la almohada quien sabe durante cuanto tiempo.
Lo peor de todo sin embargo, lo que me cabreo, fue que no solamente no habia Wi-Fi, sino que depues de pasarme cuatro horas en el ordenador del hostal despues de cenar, se me anuncio que debia pagar 20 pesos por hora. El precio era una memez, pero no habia ningun cartel que dijera que tenia que pagar. Cuando la chica del turno de noche me lo dijo, pense que me estaba tomando el pelo, que como era la turista de turno se queria aprovechar. Le pedi que me ensenara donde estaba escrito que tenia que pagar y no pudo ensenarme ni un solo documento (ni siquiera en su ordenador). Total, que me rebele y le dije que ya hablaria con la jefa por la manana, que no habia visto a nadie que hubiera usado el internet pagar y que yo no iba a ser la tonta de turno.
Al dia siguiente, me toco pagar. Aun asi, creo que les hice llegar el mensaje. La chica con la que habia hablado la noche anterior ni me dirigio la palabra, como si no hubiese respetado su autoridad... pero las cosas no se hacen asi. O se pone un cartelito o se avisa.
Y con esto, salimos a la calle y cogimos otro taxi que nos llevaria a la estacion de autobuses para Batangas, desde donde nos subimos a una barca para ir a la isla de Mindoro.


