Ultimos días en San Pedro y llegada a Santiago
Trip Start
Feb 26, 2007
1
19
25
Trip End
Ongoing
Trabajamos 17, 18 y 19 de Septiembre. Los tres días feriados en honor a las fiestas patrias chilenas. Y el último día después del trabajo, nos juntamos con amigos para hacer nuestro último asado en San Pedro. El único problema era que la carnicería estaba cerrada, por lo que nuestro asado consistió en un pollo y 20 chorizos de supermercado. Al otro día nos encontramos con Pato-Canario y La colorada, y los perros del barrio: Rwanda, Negra, Tango, Negro y un colado X, para recorrer el Laberinto de La Serpiente: un camino que habíamos descubierto con Boris semanas atrás. En la tarde nos dimos nuestro último banquete en "El Algarrobal" los mejores "corrientazas" de San Pedro y a mejor precio, y por la noche fuimos de nuevo a buscar a Pato y Andrea para despedirnos por última vez. Nos encontramos todos en el CHELACABUR y allí bebimos y bebimos cerveza por última vez prometiendo juntarnos para el año nuevo en Valparaíso. El Viernes muy temprano, llegamos a la estación de Turbus y me dí cuenta que ni siquiera habíamos leído los boletos antes de salir de la casa. Creíamos que el bus salía para Santiago a las 8 y 15, pero en realidad, salía 40 minutos después; asi que tuvimos tiempo de comprar nuestra última "marraqueta" (pan francés) y despedirnos de Chapulín (nuestro compañero fiel ). A las 8 y 50, en punto, salió el bus con destino Santiago de Chile, pasando antes por Antofatasta, Chañaral y Copiapó..(si no estoy mal); casi 24 horas de bus. Llegamos a Santiago el sabado a las 8 y 15 am y agarramos el metro inmediatamente para encontrarnos con Silvia, quien nos había ofrecido hospedaje. Todos nuestros amigos habian dicho que Santiago era una ciudad fea, contaminada, llena de tráfico y aburrida; sin embargo nos hemos encontrado con una ciudad llena de parques, moderna y ordenada. Hemos recorrido el centro y algunos cerros.
En el centro caminamos por calles peatonales con ventas de libros, teatro callejero, mercado de las pulgas y una plaza de mercado bastante peculiar; a este mercado entramos por un corredor atestado de ventas de pescados y mariscos para llegar a la parte central del mercado que era como la de ningún otro mercado visto hasta el momento: una zona de restaurantes "Donde Augusto" (hacia un lado) y "La joya del pacífico"(hacia el otro). Obviamente había otros pequeños locales pero se perdían entre las mesas, y los garzones de estos dos restaurantes principales. No pudimos resistir las ganas de sentarnos a comer una deliciosa paila de mariscos y un chupe de locos, acompañado de un delicioso vino blanco Carmen Rhin. La comida deliciosa, aunque el chupe no pudo superar aquel que nos comimos en San Pedro, cocinado por nuestro amigo chef, Daniel.
De la Plaza fuimos al Cerro Santa Lucia y nuevamente al apto de Silvia y Jorge. No hay nada más maravilloso, cuando se está tanto tiempo sin casa, que llegar donde amigos. Silvia y Jorge nos ofrecieron su cuarto de huéspedes con una maravillosa cama, con almohadas y edredón de plumas, televisor con cable, etc.
Hoy para agradecerles su generosidad, compramos un par de pizzas para cenar juntos.
Mañana o el día siguiente salimos para Mendoza y que siga la aventura
En el centro caminamos por calles peatonales con ventas de libros, teatro callejero, mercado de las pulgas y una plaza de mercado bastante peculiar; a este mercado entramos por un corredor atestado de ventas de pescados y mariscos para llegar a la parte central del mercado que era como la de ningún otro mercado visto hasta el momento: una zona de restaurantes "Donde Augusto" (hacia un lado) y "La joya del pacífico"(hacia el otro). Obviamente había otros pequeños locales pero se perdían entre las mesas, y los garzones de estos dos restaurantes principales. No pudimos resistir las ganas de sentarnos a comer una deliciosa paila de mariscos y un chupe de locos, acompañado de un delicioso vino blanco Carmen Rhin. La comida deliciosa, aunque el chupe no pudo superar aquel que nos comimos en San Pedro, cocinado por nuestro amigo chef, Daniel.
De la Plaza fuimos al Cerro Santa Lucia y nuevamente al apto de Silvia y Jorge. No hay nada más maravilloso, cuando se está tanto tiempo sin casa, que llegar donde amigos. Silvia y Jorge nos ofrecieron su cuarto de huéspedes con una maravillosa cama, con almohadas y edredón de plumas, televisor con cable, etc.
Hoy para agradecerles su generosidad, compramos un par de pizzas para cenar juntos.
Mañana o el día siguiente salimos para Mendoza y que siga la aventura

