Quito y el maravilloso Hostal Sucre
Trip Start
Feb 26, 2007
1
2
25
Trip End
Ongoing
Llegamos a Quito el Lunes 5 de Marzo en la tarde. Nuestra primera impresión de la ciudad fue un poco decepcionante. El bus entró por un sector de barrios grises y montañas peladas. Antes de bajarnos del bus, Boris y yo nos miramos con la misma expresión de desilusión en los ojos. Agarramos nuestros mochilones y empezamos a caminar desde el terminal por la primera calle que vimos buscando el hostal Ingatur que nos habían recomendado. Lo encontramos fácilmente, pagamos los $10 dolares que costaba la noche, y subimos al tercer piso. El cuarto tenía una ventana que daba a la calle y de la cual podíamos ver el monte Panecillo donde está una vírgen alada. Después de descansar un rato salimos a caminar por las calles y descubrimos un Quito totalmente diferente. La parte histórica está muy bien cuidada y todas las casas están pintadas con colores. Poco a poco nos fuimos encarretando más y más con los lugares que veíamos. La basílica, las plazas, el trolle, los parques...etc. Ese mismo día y los dos siguientes, recorrimos Quito Colonial de un lado a otro hasta que llegamos a la zona rosa y ahí descubrimos que podíamos intentar vender un poco de artesanía. Nos preparamos una noche y salimos con nuestros tableros cargados de manillas, collares, gargantillas, etc... y nada. No se veían artesanos por ningún lado y la gente ni nos miraba. Despuès de 15 minutos, nos dimos por vencidos y regresamos al hostal a descansar. Luego volvimos la siguiente noche, nos ubicamos en la avenida mariscal y vimos algo muy extraño: dos artesanos sentados en un bolardo haciendo manillas. Hubiera sido una imágen muy normal si estas dos personas no hubieran sido una pareja de japoneses que a duras penas hablaba el español y que estaban muy bien vestidos. Empezamos a hablar con ellos y en esas llegaron otros dos artesanos, pero estos sí tenían toda la pinta. Un brasiler que se llamaba Cris, con sus rastas, su mochila al hombro, su saco de lana, sus jeans viejos.... y Hanne, una belga, larga y blanca, con un sombrero de lana en la cabeza, una chaqueta de gamuza vieja, un bolsito hecho en macramé y unos pantalones tan viejos como los del chico. Ambos hablaban muy bien español y vendían aretes y manillas. Ellos nos dieron unos tips acerca de como vender en estas calles, a donde ir, a donde no ir, como ofrecer, etc. Hasta nos dijeron que fueramos a su hostal que era mucho más barato que el nuestro. Y Asi fue como Cristiano y Hanne aparecieron en nuestro viaje convirtíendose en los primeros amigos, y llevándonos al maravilloso Hostal Sucre. El Hostal Sucre estaba a cinco cuadras del Hostal Ingatur, también en la parte histórica , justo en la esquina de la plaza San Francisco; rodeado de edificios e iglesias coloniales, palomas, y vendedores ambulantes; a tres cuadras del paradero del trolle.En pocas palabras, una muy buena ubicación! Al comienzo no nos quisieron recibir porque eramos latinos y a la dueña no le había ido muy bien ofreciendo posada a latinos. Sin embargo debió ver nuestra cara de desilusión, y algún brillo de bondad en nuestros ojos porque finalmente cedió y nos mostró los cuartos. El edificio está bastante viejo, pero tiene una buena cocina, un baño con agua caliente (compartido), una terraza bastante espaciosa para hacer ejercicios, lavar ropa y colgarla; además tiene una hamaca donde se puede uno pegar una buena siesta o sentarse a tocar guitarra....meditar. Y todo esto por la fantástica cifra de $3.50 la noche por el cuarto.
Hanne y Cris dormían en el último piso. Boris y yo en el segundo, y nuestro cuarto estaba ubicando en toda la esquina -por eso la forma triangular del cuarto- de donde teníamos una vista hermosa de la Plaza San Francisco. Para sorpresa nuestra, el 80% de los huéspedes eran japoneses, y los letreros estaban todos en español, inglés y japonés. Durante el día, cuando ibamos a preparar alguna cosa de comer, nos encontrábamos con algún japonés que estaba cocinando también y esa cocina era japonés por un lado, español por el otro, y si queríamos intercambiar algún comentario, un poco de inglés chapuciado. El hostal Sucre tenía cocina y sala de Televisión y películas en el primer piso. En las tardes ibamos llegando uno a uno a la sala de televisión y nos sentábamos sobre los sofás viejos a ver alguna película, novela o noticiero. Dos japoneses por un lado, Cris y Hanne, haciendo artesanía, otro japonés haciendo manillas, y Boris y yo viendo y charlando con todos. A pesar de nuestra corta estadía, nos sentimos como en casa en Hostal Sucre, y los huéspedes parecíamos todos miembros de una gran familia. Nos encontrábamos en los eventos que tenían lugar en ese momento en Quito: el Festival de Danza de Mujeres. Entre los maravillosos huéspedes estaba Ichiro -japonés, por supuesto-que fue uno de los participantes del Festival. Estuvimos en Hostal Sucre hasta el Miercoles 14 de Marzo porque decidimos irnos con Hanne y Cris a visitar una laguna volcánica ubicada en Quilotoa. Salimos con ellos, no sin antes haber preparado varias comilonas comunitarias, donde Ichiro ponía cervezas, Lorena (una escritora norteamericana que decía venir de Venus) unos pancitos llamados Biscuits, hanne y Cris, ensaladas deliciosas, y Boris y yo, pollo con maiz.
Salimos de Quito, y de Hostal Sucre un dia de lluvia que tal vez reflejaba la melancolía que sentíamos por dejar la ciudad. Melancolía porque nuestros días en Quito fueron agradables, llenos de danza, encuentros felices con nuevos y viejos amigos y comidas generosas.
Hanne y Cris dormían en el último piso. Boris y yo en el segundo, y nuestro cuarto estaba ubicando en toda la esquina -por eso la forma triangular del cuarto- de donde teníamos una vista hermosa de la Plaza San Francisco. Para sorpresa nuestra, el 80% de los huéspedes eran japoneses, y los letreros estaban todos en español, inglés y japonés. Durante el día, cuando ibamos a preparar alguna cosa de comer, nos encontrábamos con algún japonés que estaba cocinando también y esa cocina era japonés por un lado, español por el otro, y si queríamos intercambiar algún comentario, un poco de inglés chapuciado. El hostal Sucre tenía cocina y sala de Televisión y películas en el primer piso. En las tardes ibamos llegando uno a uno a la sala de televisión y nos sentábamos sobre los sofás viejos a ver alguna película, novela o noticiero. Dos japoneses por un lado, Cris y Hanne, haciendo artesanía, otro japonés haciendo manillas, y Boris y yo viendo y charlando con todos. A pesar de nuestra corta estadía, nos sentimos como en casa en Hostal Sucre, y los huéspedes parecíamos todos miembros de una gran familia. Nos encontrábamos en los eventos que tenían lugar en ese momento en Quito: el Festival de Danza de Mujeres. Entre los maravillosos huéspedes estaba Ichiro -japonés, por supuesto-que fue uno de los participantes del Festival. Estuvimos en Hostal Sucre hasta el Miercoles 14 de Marzo porque decidimos irnos con Hanne y Cris a visitar una laguna volcánica ubicada en Quilotoa. Salimos con ellos, no sin antes haber preparado varias comilonas comunitarias, donde Ichiro ponía cervezas, Lorena (una escritora norteamericana que decía venir de Venus) unos pancitos llamados Biscuits, hanne y Cris, ensaladas deliciosas, y Boris y yo, pollo con maiz.
Salimos de Quito, y de Hostal Sucre un dia de lluvia que tal vez reflejaba la melancolía que sentíamos por dejar la ciudad. Melancolía porque nuestros días en Quito fueron agradables, llenos de danza, encuentros felices con nuevos y viejos amigos y comidas generosas.

