LA GRAN MURALLA CHINA

Trip Start Sep 10, 2007
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Trip End Ongoing


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Flag of China  ,
Friday, November 16, 2007

Supongo que todos recordareis esas excursiones de colegio cada uno de nosotros disfrutamos cuando éramos pequeños y todavía existía la EGB. La madre te ponía, un bocata de mortadela, un botellin de agua y unas galletas. Podías pasar un día visitando el castillo de Olite, el Monasterio de Leyre o incluso podías ir a pasar un fin de semana a Bertiz. Cargadas las pilas y con la misma ilusión nuestro particular tropel de Liaocheng cogimos el tren del viernes a las dos de la tarde destino una vez mas Pekín. Esta excursión iba a ser un poco interesante que las anteriores. Tocaba visita a la Muralla China, todo un símbolo del lejano oriente. El grupo (Jane, Lyena, Gaudenssia, Baoasid, Steve, Mirella y Miryam una amiga de Mirella) nos reuniríamos en la capital para también celebrar el cumpleaños de Jane. La niña iba a cumplir 21 añitos.

Ese fin de semana queríamos que fuera un poco más especial y nos hospedamos todos juntos en el mismo hostal, todos juntos pero no revueltos. Lo primero que hicimos al llegar a Pekín fue comer. Que bien, de nuevo nuestro abanico de posibilidades gastronómicas se ampliaba dejando a un margen los limitados menús de Liaocheng. Acabamos comiendo en un Japonés sushi. Y que queréis que os diga. Para mí, no fue nada tan especial como todo el mundo suele hablar del sushi. Pero bueno probé el sushi.

Por la tarde tocaba compras en Silk Market. Alguno del grupo pronto se marcharía y quería comenzar a comprar los regalos para los relativos de vuelta a su país. Si es curioso e incluso puede llegar a ser divertido, pero os aseguro que después de estar una media hora regateando intensamente con los chinos yo siempre acabo con dolor de cabeza. Mira que son cansinos y no están dispuestos a perder ni un solo céntimo, y por supuesto que tu mucho menos dejarte timar.

Para la cena quedamos con mis amigos o ya no se si decir mi familia China. Binbin y compañía me refiero. Estuvimos en un restaurante muy muy chino, con una comida deliciosa (me encanta cuando un chino elige la comida del menú, todo sabe mejor). Una gran mesa redonda con el típico cristal en medio de ella que gira como una ruleta poniendo a disposición de todos cada uno de los diferentes y sabrosos platos. Gaudensia y Baosid (los tanzanos) hasta ahora habían evitado comer comida China, siempre cocinaban a su manera en Liaocheng, pero esta vez se vieron en el pequeño apuro de después de casi mes y medio comenzar a comer con palillos. Fue muy divertido verlos intentar sostener los trocitos de comida y caerse antes de llevárselos a la boca, me recordó a mi cuando yo llegue.

La copiosa cena nos dejo saciados pero no pudo persuadir nuestras ganas a tomar una copita antes de volver al hostal. Acudimos a Sanlitum (la zona de bares para occidentales en Pekín) para tomarnos unos cubatitas. No estaba mi preciado cacique pero me las apañe con el Bacardi. Nos reímos y bailamos no por mucho tiempo porque al día siguiente tocaba madrugar para visitar la Gran Muralla China con ese espíritu que antes hablaba tan peculiar de la infancia.

A las 7:30 la alarma de mi móvil sonaba a pesar de mis ruegos por un poco más de sueño, cinco minutos más en la cama acurrucado entre las sabanas. Los gloriosos cinco minutos. Daban las ocho y cuarto cuando se cerraba la puerta de la furgoneta que habíamos acordado con el chofer para llevarnos a la Muralla China. La guía del hostal también venía. En total íbamos diez. Dos horas y media de camino hasta llegar a las montañas, aunque una hora fue para salir del interminable Pekín. Brillaba como nunca lo había hecho el sol en China, atravesaba los cristales de la furgoneta creando en el habitáculo una atmósfera somnolienta en la que poco a poco íbamos cayendo en sueño hipnotizados por el ronroneo del motor.

Cuando desperté el paisaje ya había cambiado. Los majestuosos edificios de Pekín habían dado paso a desnudos árboles que se agolpaban junto a una carretera que serpenteaba entres las faldas de las montañas donde pronto encontraríamos el mítico muro. Media hora después y tras aparcar dio comienzo nuestra ascensión. La parte baja del valle estaba repleta de turistas, tiendas de recuerdos, puestos de fruta, vendedores ambulantes y pequeños restaurares. Compramos los billetes para subir a la Muralla. Tras dejar atrás aquel cúmulo de intereses turísticos, subimos a unas cabinas para unas cinco personas cada una, tiradas por un cable nos subían por los aires hasta el lomo de la montaña donde se encontraba una de las siete maravillas del mundo.

Imponente discurría por las cumbres de las montañas como una procesión de gusanos hasta perderse de vista en el horizonte. La primera impresión al verla fue irrepetible. Asombrados una vez mas con esa inocencia infantil nos volvíamos a maravillar con la grandeza que el ser humano puede llegar a dejar huella en el planeta. Estaba pisando la Muralla China, una pared que había permanecido inamovible durante siglos y había sido testigo de gran parte de la historia de la civilización humana. Al cabo de unos minutos y sin dejar que el esplendor del monumento nos abrumara comenzamos a sacar las cámaras de fotos cual japoneses y comenzar a disparar cientos de fotos del lugar y el paisaje. Teníamos dos horas y media para pasear por esas históricas piedras antes de volver al vehiculo que nos llevaría de vuelta al saturado Pekín. Disfrutamos del paseo sin dejar de tomar fotos. Había partes en las que incluso podías salir de la muralla y pisar la montaña. Curiosamente con mi instinto explorador descubrí un burro atado a un árbol pastando placidamente. El animal resultaba ser el único medio de transporte que utilizaban los vendedores de bebida y comida ambúlate que tenían pequeños puestos dispersos por todo el recorrido turístico. No haba otra manera de subir hasta el muro. O en cabinas o en burro a través de los bosques por estrechas sendas. Continuando el recorrido subíamos y bajábamos los desniveles por las cientos de escaleras, a veces se hacia mas ancha otras se estrechaba pero sin corte alguno se perdía de vista en la cordillera. El hambre rugía en nuestros estómagos y las dos horas y media ya casi habían pasado. El sol apretaba con menos fuerza cuando nos disponíamos a bajar.

Para mi sorpresa la bajada iba a ser muy excitante. No volvíamos en cabinas, ni por escaleras, ni sendas sobre burros. La bajada hasta el valle era en tobogán. Si si como lo oís un largo y divertido tobogán desde la loma de una montaña hasta el fondo del valle, con un desnivel de casi 400 metros. Aquello iba a ser muy divertido. Como amante de montañas rusas y velocidad iba a disfrutar de lo lindo. Mirella y su amiga fueron las primeras en tomar los individuales trineos. Pronto perdimos también de vista a Jane y a Lyena. Gaudy y Baosid iban delante de mí y en la cola Steve. Un pequeño empujón y el trineo comenzó a deslizarse por el bríllate y plateado tobogán. Poco a poco la velocidad y la pendiente aumentaban al igual que el nivel de adrenalina en mi cuerpo. Largos trechos, puentes, curvas, subidas, bajadas y pequeños saltos salpicaban el largo tobogán de más de un kilómetro. Al llegar a bajo todos quisimos volver a subir para lanzarnos una vez más. Lamentablemente no pudo ser y volvimos a Pekín en la furgoneta.

A las ocho de la tarde teníamos cita en el restaurante ruso para celebrar el cumpleaños de Jane. Todo el grupo occidental, Binbin y compañía como representación asiática acudimos al evento. Reservamos una habitación privada con una amplia mesa como para unas 13 personas. Tomamos asiento y elegimos los platos a degustar. Al cabo de unos minutos estábamos comiendo buenos filetones de carne y brindando con champán por el cumpleaños de Jane. Se oyeron palabras de agradecimiento y de felicitación durante los continuados brindis. Jane estaba pletórica. Muy agradecida y disfrutando de un cumpleaños que a pesar de que estaba lejos de su familia y habituales amigos estaba rodeada de personas que la querían y acompañaban en su experiencia en el continente asiático. La velada fue muy agradable y familiar.

Esa noche tocaba marcha y una vez cenados fuimos en su búsqueda. Como primer plato fuimos a un bar llamado como la exitosa serie de televisión Sex and the city en Hou Hai. El bar no era muy grande pero una barra en medio del local dominaba el lugar. Sobre barra y a cada lado había colocadas otras dos barras, aunque estas eran barras para bailar. Efectivamente como todos podéis adivinar Jane no esperó a la segunda copa para decidirse a subir y bailar una vez más con el acero. Las chinas estaban asombradísimas de Jane y no dejaban de animarla. El resto ya mas acostumbrado a la coreografía charlábamos junto a la barra. Acabando en Sex and the city como plato fuerte el grupo occidental nos trasladamos a la ya habitual discoteca de Pekín para dejarnos cautivar por la noche y la música. Lo pasamos genial. Tras varias horas moviendo el esqueleto. Acabamos haciendo sumario de la noche en un Mc Donalds que abría las 24 horas junto al albergue mientras nos devorábamos las insípidas hamburguesas. Esas son las mejores charlas después de una noche de marcha. Tras las risas y rendidos al cansancio volvimos al hostal.

VIDEO DE JANE BAILANDO EN LA NOCHE DE SU CUMPLEAÑOS
http://es.youtube.com/watch?v=4ec23tAs1ow

VIDEO DE LA MURALLA CHINA
http://es.youtube.com/watch?v=ukUaifHzaDE
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