UNA SEMANA DE VACACIONES

Trip Start Sep 10, 2007
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Trip End Ongoing


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Friday, September 28, 2007

Volvía a ser viernes en el tren con rumbo a Pekín pero esta vez no iba a ser por un fin de semana, esta vez tenia una semana de vacaciones por delante gracias al día nacional de China. En la universidad nos habían dado la semana. La iba aprovechar para visitar Pekín con tranquilidad. Me acompañaba en el viaje Nastya (la rusa). El motivo de su viaje era reunirse con Jane (otra rusa) que por lo visto también venia a Liaocheng por unos tres meses como estudiante de chino. Así que ya el numero de extranjeros iba aumentando.

Ni siquiera me acordaba ya del mail que me había enviado Susana en el cual decía que no era conveniente el cambio de universidad. Estaba claro no había cambio de universidad por mi parte, me quedaba en Liaocheng definitivamente, y si os digo la verdad me parecía genial. Cada vez me encontraba más a gusto en la universidad, con mis compañeros, con la tranquilidad que ahí tenia y con las clases. Es cierto, no es muy animado que digamos pero eso no significa que no vaya a estar bien, que no vaya a disfrutar o que no aprenda chino. Tal vez sea porque soy una persona muy positiva y optimista pero estaba feliz, y no me supuso ningún tipo de decepción la respuesta de mi coordinadora.

Llegamos a Pekín y tomamos un taxi, no sin antes varios intentos por timarnos con el precio de la carrera. Una hora y media nos costo llegar al hotel donde se hospedaba jane. Imaginaros el tráfico que tiene esta ciudad.

Salio a recibirnos Jane al la entrada del hotel. Rubia, ojos azules, atractiva, 20 añitos y un poquito baja para ser rusa pero eso lo superaba con la simpatía y cercanía mostró en nuestro recibimiento. Subimos al hotel a dejar el equipaje y seguidamente nos fuimos en busca de un restaurante chino para cenar. Ordenamos cena gracias a las fotografías que tenia el menú. En la foto se ve genial pero claro no sabes si pica o no pica o de donde procede la carne. Pedimos varios platos. Probamos todos y ninguno nos gusto. Así que pagamos la cuenta 4€ y nos marchamos fuera del restaurante para esperar a Binbin que venia también a reunirse con nosotros después del trabajo.

Una vez todos juntos, como ninguno había cenado dejamos el liderazgo en manos de Binbin. Nos llevo a una calle muy cerca donde había muchos restaurantes de todas las clases, concretamente el nuestro era barbacoa. Riquísima estaba la carne, a la brasa riquísima, el servicio impecable y el local limpio y cuidado. Esta china si que sabe lo que no gusta a los de nuestra “especie”

Esa noche estaba cansadísimo y Binbin también así que nos despedimos de las rusas y nos fuimos a dormir a casa de Kuong Kuong (amigos de Binbin) que nos había dejado las llaves para usarla ya que ellos estaba de viaje en otra ciudad por la semana de vacaciones. Cuando llegamos a la casa, casi no pudimos abrir la puerta, tenia cuatro cerrajas, una reja con otras cuatro cerrajas y ambas eran metálicas. La Binbin nerviosica se me puso por momentos, al ver que no podíamos abrir la puerta. Al final lo logramos.

Al día siguiente Binbin se levanto pronto porque tenia una reunión del trabajo y me había dado los dos días libres por lo que tenia tiempo para mi solo. Esa mañana quede con Steve, un chico australiano que conocí en mi primer fin de semana en Pekin cuando intentaba buscar universidad. Trabajaba para televisión española, era el cámara del corresponsal en China. Es decir cada vez que veis una noticia sobre china en TVE la esta grabado Steve. Quedamos en una estación de metro, cerca de Hol Hai (lugar turístico para extranjeros por excelencia en Pekín) y visitamos el templo de los tambores. Es un templo que esta en medio de la capital en línea con la Ciudad Prohibida. Subimos hasta arriba y en la sala principal había unos tambores enormes, los mas grandes que había visto en mi vida. (Me pregunto porque leches tiene que ser todo tan grande en este país, bueno exceptuando ya sabemos todos el que…. en fin sin comentarios). Las vistas desde allí eran geniales se veían casi todos los edificios altos de Pekín, y al verlos todos daba la sensación de que no era tan grande la ciudad. Después de esta visita volvimos a Hou Hai a comernos una buena pizza en un coqueto restaurante. Estuvimos charlando y conociéndonos un poco mejor.

Una vez acabada la comida Steve me acompaño a la estación central a comparar billetes, algún lado para el martes. No quería pegarme toda la semana en Pekín, teniendo tantos días de vacaciones y así visitar otra ciudad. No sabia donde, todo dependía de si había billetes. La compra de billetes de tren no funciona aquí como en Europa. Aquí no hay reservas y si quieres viajar de una ciudad a otra tienes que estar en la ciudad es decir si quiero ir de Pekín a Xian no puedo comprar los billetes Liaocheng, solo los puedo comprar en Pekín y tres días antes. No es gran problema pero cuando son vacaciones y hay millones de personas de todas partes de china queriendo viajar a Pekín resulta un poco difícil encontrar un mísero asiento en ningún tren. Ya habían intentado las rusas comprarme un billete de tren para Xian, que es donde iban ellas, pero solo había dos asientos en ese tren con un viaje de 12 horas así que no me pudieron comprar billete.

En la estación volvimos a preguntar por billetes para Xian, pero nada todo estaba vendido. Y no me extraña con la cantidad de gente que había en la estación por todos lados, dentro fuera, en los pasillos, en los baños, de pie, sentados, durmiendo de cualquier manera… Aquello era increíble. Por lo que pregunte por trenes para Shanghai el miércoles.

- Hay camas disponibles en un tren con destino a Shanghai por la noche con 12 horas de viaje en primera clase. Pero solo tengo primera clase. – Informo la señorita de la ventanilla.

Pague 50€ por ese billete.

Después de tener el viaje en mis manos me despedí de Steve. Necesitaba una siesta antes de salir de marcha por la noche en Sanlitum con él y alguno de sus amigos. Llegar a casa me costo media hora en metro, menuda gozada por lo corto del recorrido no por lo espacioso del vagón.

Llegue a casa de Kuong Kuong y casualmente me estaba meando. Confiaba en que esta vez tardara menos en abrir las puertas de su casa. Saque el manojo de llaves e intente abrir la puerta. Con la reja no hubo problema pero con la puerta interior, no había manera. Con una llave, con otra, en distinta cerraja, en la misma, con todas las llaves, y nada que no se abría la puerta. Joer con lo que me estaba menado, sujetando el jersey, la mochila, intentando abrir. Sudando. Bufff – tengo que abrir esto y no puedo llamar a Binbin que esta se ponen nerviosa perdida y es capaz de venir ayudarme.- Pase mas de media hora probando llaves pero no giraban dos cerrajas. En un momento dado el abrir la puerta dejo de ser una necesidad primaria. Necesitaba mear urgentemente, no aguantaba más. ¿Pero donde? Pensé en las escaleras. Pero no podía mear ahí, ¿y si alguien venia? Que imagen voy a dar de los extranjeros en este país. Tome el ascensor y subí hasta la planta 26 la ultima. Me dirigí hacia las escaleras, parecían sucias y poco usadas. Momento dado con tanta necesidad me dije: Total porque se ensucie un poco mas esta ciudad no creo que pase nada. Baje cremallera de mi pantalón y abrí el grifo…imaginaros la sensación de vaciar la vejiga cuando esta el 100%. Pero en ese preciso instante una niña abrió la puerta del hueco de la escalera y me vio en plena faena. Yo le dedique una tímida sonrisa y la niña salio corriendo. Segundos después un hombre abrió la puerta, (la niña había avisado a su padre, tío, abuelo o lo que quiera que fuese ese señor) comenzó a gritarme acercándose a mi amenazadoramente con cara de pocos amigos. Me subí la cremallera del pantalón, con el grifo dentro y salí por patas escaleras ha bajo hasta perder al señor de vista. Fue la reacción que tuve. Creo que era mejor que ponerme a explicar a un chino que no puedo abrir la puerta de una casa que no es la mía y me estaba meando. Cuando llegue exhausto a la planta 8 volví a intentar abrir la maldita puerta no sin librarme de la culpabilidad típica de un chiquillo tras hacer una travesura. Por fin la puñetera puerta se abrió y pude echarme la siesta.

Al día siguiente, estuve con Binbin todo el día. Madrugamos bastante porque teníamos dos visitas turísticas que hacer. Una fue el Templo del lama en el corazón de Pekín. Era un recinto no muy extenso con una sucesión de edificios en construidos línea donde en cada uno había varias representaciones de buda todas ellas muy diferentes y peculiares. Habia muchos turistas, pero también había bastantes chinos rindiendo culto a buda, colocando inciensos en los quemadores. Se respiraba paz en aquel lugar.

Tras esta rápida visita tomamos dos autobuses para visitar el Palacio de Verano. Una gran extensión de terreno donde las antiguas dinastías chinas solía pasar los veranos. El paisaje era esplendido. Puentes, lagos, barquitas, templos, corredores, rincones, puertas… Era un parque inmenso. A pesar de su gran belleza fue una lastima que miles de personas decidieran también como nosotros visitarlo. Había momento en que se tardaba en caminar. El sol se puso cuando todavía no habíamos visitado ni la tercera parte del parque aunque ya nos teníamos que marchar porque se cerraba al público por la noche.

Tomamos un taxi para que nos llevara a casa, no sin antes disfrutar de una agradable velada en un pequeño restaurante. Nos sentamos en una mesita en la calle. Todavía hacia muy buen tiempo. Me encanto la conversación que tuve con Binbin esa noche, me ayudo a conocer mejor como pensaba y cuanto me apreciaba. Concluida la cena entramos en un cyber para reservar mi hostal de Shanghai por internet y seguidamente nos marchamos a dormir.

El miércoles no fue muy provechoso, unas pocas compras, un café en una terraza y una rápida despedida de Binbin en la estación de tren. A las seis de la tarde partía mi tren destino Shanghai con 12 horas de viaje por delante.
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