Cap. 10 Sanya

Trip Start Oct 14, 2009
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Flag of China  , Hainan,
Thursday, December 24, 2009

A ocho mil pies y media hora de viaje escapaba de la contaminada nube gris que abriga China. Ni siquiera Tolkien imaginó que los paisajes nublados permanentemente que describió en sus novelas existieran en la tierra. Tenía una necesidad imperiosa de salir de esa nube y volver a ver el cielo azul, azul intenso y radiante que mi retina hacía ya dos meses que había olvidado.

Al cabo de treinta minutos el avión descendió al aproximarse a la ciudad de Sanya. Me asomé por la ventana y comencé a ver el lugar perfecto de vacaciones, playa, sol, arena y palmeras. La sensación de tranquilidad, calidez, claridad y frescor del mar que sientes al bajar del avión merecen el nombre por el cual se conoce a la provincia china de Hainan como el Hawái Chino.

Fue la provincia más repudiada por el imperio en los tiempos dinásticos, conocida despectivamente considerada como la cola del dragón Hainan se había convertido en vertedero de exiliados, desterrados y condenados a un destino mejor que la muerte. De hecho durante la dinastía Song tan solo se tiene constancia de la visita de 18 personas por voluntad propia.

Un lugar más próximo a Indochina que de los cielos contaminados, los fríos inviernos y la abrumadora superpoblación de la China continental. No es difícil disfrutar de un ambiente totalmente relajado. Y no son todo cocoteros, mar y aceite bronceador. En las tierras altas centrales las temperaturas moderadas favorecen densos bosques salpicados de aldeas de las etnias Li y Miao.

Pero los chinos han tardado más de 2000 años en darse cuenta que no se trata de la "Puerta del infierno" tal y como la calificaron aunque todavía me cuesta creer porqué.

Hoy por hoy el 80% de sus ingresos provienen del turismo. En los últimos diez años Hainan in concretamente Sanya se han convertido en el paraíso de la industria turística, todavía con muchs kilómetros de playa por explotar se augura una futuro prometedor enfocado el sector servicios.

Tomé un taxi el cual me llevo a un hotel que por 30 euros me hospedaría todo el fin de semana. Se encontraba a 50 metros de la playa, disponía de un restaurante con terraza en el último piso, un bonito jardín sombreado con exuberante vegetación y una enorme piscina a la cual tenían acceso directo por una escaleritas las habitaciones de la primera planta.

Corrí las cortinas del ventanal de nuestra habitación y a medida que se me aceleraba el pulso se dibujaba una sonrisa en mi cara. Salí al balcón en la octava planta para divisar toda la enorme bahía de Sanya con una playa de mas de ocho kilómetros bañándose en el sol.

Al cabo de 15 minutos extendería la toalla en la arena a la sombra de un cocotero. Pasé todo el día solo, tranquilo y al sol con un libro bebiendo zumo de coco. Que placer. Habían comenzado mis vacaciones navideñas.

En la playa prácticamente no había nadie, y eso que era temporada alta. A pesar de que semejante localización en España se habría convertido en unos pocos meses en una mina de hacer dinero gracias al turismo. En China solo fallaba una cosa. Los chinos. A lo chinos no les gusta la playa, no les gusta tumbarse al sol y tostarse como cangrejos. El turismo chino es el cultural, el de visita a los templos y los lugares históricos. Lo de la playa todavía les costaba mucho. Así que estaba prácticamente yo mismo. Solo acompañado por alguna pareja haciéndose fotos a la orilla del mar, el señor del chiringuito de los zumos de coco y las tan características moto-coches que por dos yuanes te llevaban un par de kilómetros a lo largo de la playa.

A las nueve de la noche ya en el hotel recibí a Celia y a Gonzalo que había llegado a la isla en último vuelo desde Guangzhou porque habían estado trabajando en la oficina ese último viernes.

Esa misma noche seguimos las indicaciones de las recepcionistas del hotel y fuimos de fiesta a la zona de discotecas de la ciudad. Nos encontramos con la típica noche china donde desde la música, decoración, bebidas y clientela era lo que se estilaba en el sur de China. De vez en cuando encontrabas a rusos y rusas que había llegado a la isla para salir de fiesta y tostarse al sol. Digamos que Hainan era para los rusos como para los alemanes Mallorca.

Al día siguiente decidimos ir un poco a la playa por la mañana. Una sabrosa comida en alto restaurante del hotel, un bañito en la piscina del mismo y después una siestita. ¿Os suena no? Así es unas típicas vacaciones en Salou. Y que a gusto se está.

Después de la siesta tomamos un taxi el cual nos acerco a Yalong Bay. Una bahía se situada al este de Sanya y playas donde se esparcían los mega complejos turísticos no aptos para nuestros bolsillos. Sheraton, Four Season, Hilton, Crown y otros muchos son los restors a lo largo de esta bahía seduciendo de grandes lujos a adinerados chinos.

En esa playa la maquina del turismo ya funcionaba a pleno rendimiento con chiringuitos de comida y bebida, centros de buceo, deportes acuáticos, lanchas arrastrando hinchables, ski acuático, paracaídas, motos de agua y hasta el alquiler de hamacas. Varadero, Patong o Bali ya eran sinónimos de Yalong Bay.

Vimos el atardecer sobre la blanca arena mientras veraneantes chinos pasaban frente a nosotros ataviados con las camisas y bermudas tan típicas de Sanya. Se habían convertido en el cartel para la China continental diciendo “Yo también he estado de vacaciones en la playa”. Algo que a mis ojos me parece totalmente ridículo. Aunque  no por ello los chinos no tienen menos pecado por rendirse al merchandising ya que seguro que más de uno de nosotros hemos tenido una camiseta serigrafiada en la que aparece un atardecer entre dos palmeras y debajo pone Benidorm o Tenerife. Aunque en este lado del mundo no deja de ser curioso que los dos miembros de la pareja vayan de igual vestimenta.

Una noche más de fiesta felicitándonos las navidades fue nuestra última juerga por Sanya en discotecas seudorusas para poco después disfrutar de un jacuzzi caliente de piedra volcánica en el hotel.

Ya el domingo volvimos a tener calma y playa no sin antes colarnos en uno de los fantásticos ajardinaos resorts de enormes piscinas y múltiples restaurantes con chiringuitos de bebidas varias. La emoción de estar en el recinto disfrutando de sus placeres sin haber pagado un mísero yuan se esfumo cuando debíamos marchar a nuestro humilde David Legend a recoger nuestras maletas para tomar el avión de vuelta a Guangzhou.
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Comments

elena alloza on

hermano, eres un artista en esto de escribir!!!me encanta leer tu blog!!y me alegro que todo te vaya bien. Madre mia con el frio qu estamos pasando por la españa profunda, que envidia me dan tus fotos !!!cuidate.bsicos!!!

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